Electricidad y sal, eso es todo lo que necesitamos para mover las naves especiales en el espacio. O al menos eso dice esta empresa francesa
Un nuevo tipo de propulsor eléctrico pretende sentar las bases de la tecnología espacial del futuro
Desde que el ser humano consiguió elevar a las alturas satélites, diferentes misiones espaciales en la NASA o naves espaciales con destino a los más recónditos rincones del cosmos, nuestra especie ha continuado investigado maneras más innovadoras y eficientes de impulsarnos por el espacio exterior. Ahora, una compañía con sede en París, presenta un nuevo tipo de propulsor que podría ser un punto de inflexión en la industria aeroespacial.
Propulsores de satélites impulsados por sal y electricidad parisinas
Seguramente, nunca habrás escuchado hablar de la compañía ION-X. Esta empresa francesa quiere ser una alternativa sostenible para la creación de un nuevo modelo de propulsores de objetos espaciales, ellos parecen centrarse en estos momentos en satélites, que no estaría basado en la combustión de materiales químicos, sino en el uso de la electricidad.
Jacques Gierak, cofundador de ION-X, ya impulsó en la década de 1980 el uso de iones para la creación de una máquina capaz de realizar cortes en materiales con una precisión sin precedentes. Después de colaborar con instituciones como el famoso MIT estadounidense, finalmente, en 2017, el primer prototipo de propulsor de electropulverización electrohidrodinámico fue desarrollado y, por tanto, la compañía ION-X dio sus primeros pasos.
De acuerdo, tenemos un impulsor de nombre impronunciable. ¿Qué es realmente de lo que estamos hablando? La compañía parisina asegura que su tecnología de electropulverización "consiste en obtener partículas cargadas de la superficie de un líquido iónico conductible al aplicar un intenso campo eléctrico, desencadenando la creación de conos de Taylor, el fenómeno electrohidrodinámico a partir del que los iones son extraídos".
Ese sería el resumen del funcionamiento del propulsor de ION-X. Un dispositivo capaz de expulsar ingentes cantidades de rápidas partículas cargadas, que al acelerarse pueden impulsar, por ejemplo, un satélite en órbita. Para explicarlo de manera más simple, existe un combustible líquido de iones, compuesto por sales orgánicas a temperatura ambiente, al que se le aplica un campo eléctrico. La electricidad consigue liberar las partículas cargadas, que impulsan el motor donde se ubica el propulsor.
Recientemente, la empresa ION-X ha anunciado una nueva ronda de financiación, de 13 millones de euros, que pretende ser el paso lógico de su experimentación en laboratorio a la industria aeroespacial. Thomas Hiriart, CEO de ION-X, ha asegurado:
Esta ronda de financiación es un paso decisivo para ION-X. Estamos profundamente convencidos de que nuestras soluciones de propulsión pueden revolucionar el mercado de la movilidad espacial, contribuyendo a misiones espaciales eficientes en costes, innovadoras y sostenibles y forjando una posición comercial significativa en un mercado que ansía propulsores seguros.
El propulsor creado en Francia no solo es más eficiente y compacto que los actualmente utilizados en la industria, sino que su combustible líquido está libre de químicos y no es inflamable, con lo que es más seguro. Por el momento, eso sí, estamos hablando de un propulsor menos potente, lo que lo hace situarse dentro del mercado de los satélites y no de los grandes cohetes de la actualidad. Sin embargo, ¿quién asegura que este no es el primer paso para una nueva generación de motores espaciales más sostenibles?