En la Noruega medieval cazaban ballenas y ahora ya saben cómo lo hacían: han encontrado esta trampa

La formación rocosa era la base de un sistema de barreras de cuerdas para guiar a las ballenas minke hacia una bahía

En la Noruega medieval cazaban ballenas y ahora ya saben cómo lo hacían: han encontrado esta trampa
El arqueólogo marino Anders Schouw abandona la superficie para investigar las estructuras de Grindasundet | Imagen de Elling Utvik Wammer / IRMAS
Publicado en Ciencia

La industria ballenera se remonta al siglo XI (según WWF), cuando los pescadores vascos empezaron a cazarlas y a comercializar productos derivados de la ballena franca septentrional (en la actualidad, es uno de los grandes cetáceos más amenazados). Tras los vacos llegaron los holandeses y los británicos y, más tarde, los americanos, los noruegos y muchas otras nacionales.

Muchos años después, en 1925, la Liga de Naciones reconoció que la explotación de las ballenas era excesiva, por lo que era preciso regular las actividades relacionadas. Tras varios acuerdos y debates, se formó la Comisión Ballenera Internacional (CBI), que se reúne anualmente para regular los cupos, los métodos de captura y las áreas protegidas. Actualmente, la comisión está formada por 52 estados, entre los que se incluyen a países balleneros, países antiguamente balleneros y países que nunca han participado en la industria ballenera.

A pesar de que solo en el siglo XX murieron tres millones de ballenas, llevando a algunas especies al borde de la extinción, algunos países continúan cazándolas. Noruega, a pesar de ser miembro de la Comisión Ballenera Internacional, sigue cazando ballenas minke. Islandia, que abandonó la comisión en 1992, continúa la caza comercial. Lo mismo con Japón, que también se retiró para reanudar la caza comercial. Ahora, en Noruega, se ha encontrado la primera evidencia física del mundo de una legendaria trampa medieval para estos mamíferos cetáceos marinos.

Les disparaban flechas envenenadas con bacterias provenientes de carne podrida para debilitarlas

Arqueólogos marinos han descubierto una singular y llamativa trampa para ballenas frente a las costas de Noruega. Encontraron en el lecho marino una franja circular de piedras de más de 60 metros de ancho, lo que confirmó la existencia de este método de caza de ballenas, ya que no habían encontrado ninguna prueba física del mismo en 1.000 años, aparte de los registros escritos.

Debido a la enorme extensión del cinturón submarino, la monumental construcción reveló una comunidad dependiente de la caza de ballenas, ya que los subproductos se convirtieron en mercancías que se intercambiaban entre estos grupos locales. Debido a que las ballenas alcanzan entre 7 y 10 metros de longitud y pesan hasta 9.000 kilogramos, habrían necesitado una estrategia inteligente.

La trampa, además de ser la primera de su tipo descubierta en un entorno pintoresco, fue una terrible experiencia tanto para la ballena como para el ser humano. Se descubrió en el estrecho de Telavåg, cerca de Bergen. Los investigadores habían leído sobre esta instalación en textos del siglo XVI, lo que impulsó a sumergirse a principios de este años para investigarla.

La formación rocosa era la base de un sistema de barreras de cuerdas destinadas a guiar, muy probablemente, a las ballenas minke hacia una bahía, un área cerrada, donde podían cazar al animal con mayor facilidad. Cuando una ballena entraba en la bahía, toda la comunidad respondía cerrando primero la barrera para que el animal no pudiera escapar.

Les disparaban flechas envenenadas con bacterias provenientes de carne podrida para debilitarlas mientras intentaban pasar. Tras ser atacadas con las ballestas, los noruegos medievales las arponeaban y arrastraban hasta la orilla en botes de remos tripulados por decenas de personas. Casi como un ritual, estas comunidades arrojaban sus ojos de vuelta al agua para asegurar que las futuras generaciones siguieran regresando.

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