Encontrar un “bicho” en la comida no siempre es malo: un gusano y una taza de té inspiraron uno de los cultivos más lujosos de la naturaleza
La leyenda cuenta que una emperatriz china es la responsable de que tengamos uno de los productos textiles más apreciados del planeta

Estamos convencidos de que tú también podrías contarnos alguna anécdota que involucre un plato de comida y un bicho, llámale gusano, insecto o larva, y que te haga revolverte las tripas solamente con pensarlo. Sin embargo, como suele suceder en las historias que acaban con una invención casi fruto del azar, o así queremos pensar, podemos contarte cómo la combinación de un gusano y una taza de té nos brindó un producto sumamente apreciado desde hace siglos.
La leyenda de la emperatriz Leizu y el gusano en el té
La emperatriz Leizu es la protagonista de esta historia. Hablamos de la esposa del emperador Huangdi, también conocido como Emperador Amarillo, y de una mujer a la que se atribuye la invención de un producto que pronto descubrirás que tiene toda la lógica que sea relacionado con los gusanos.
Se dice, según lo relatado en el libro Grandes emperadores de China: historias de sabiduría y gobierno benevolente, que la emperatriz Leizu descubrió la seda al toparse con la crisálida de un gusano de seda, en pleno proceso de metamorfosis. Eso sí, existen varias versiones de la leyenda, que te explicaremos a continuación.
Por una parte, la historia más aceptada es la que relata cómo la emperatriz Leizu estaba tomando el té tranquilamente y un capullo del gusano conocido como Bombyx mori cayó en su bebida caliente. Ese calor hizo que la seda que recubría la crisálida se deshiciese. Curiosa, la emperatriz pidió a una de sus lacayas que tirase de ese hilo. Este era tan largo que la joven se alejó muchos metros de la emperatriz, mostrando un hilo que se convertiría en la primera muestra del producto textil conocido como seda.
Otras versiones hablan de que lo único que pudo ver la emperatriz en su té fueron los restos de seda del gusano y que, tirando del hilo, acabó por descubrir que este pertenecía al intrigante animal. Hay quien dice que la emperatriz se topó con los gusanos tejiendo sus capullos y que recogió varios de ellos. Mientras tomaba el té, una de las crisálidas cayó en su bebida y al intentar sacarla, el hilo de seda se enrolló en su dedo.
A partir de ese momento, parece que mostró gran interés por el cultivo de los gusanos de seda. No solo eso. Según lo descrito en un artículo publicado en Columbia Scholarship Online, parece que el invento del carrete de seda y el primer telar de seda también podemos atribuírselo a la curiosa emperatriz.
Desde luego, lo que sí sabemos a ciencia cierta es que este material es uno de los más preciados en el mundo textil y que ha dado lugar a historias tan curiosas como el nacimiento de todo un imperio a partir de dos monjes con mochilas llenas de gusanos de seda. Además, también hemos sido testigos de la modificación genética de estos insectos, con el objetivo de crear un tipo de seda a prueba de balas.