Japón empieza a extraer tierras raras en aguas profundas: quiere dejar de depender de China

En un pulso tecnológico y geopolítico con Pekín, Japón se sumerge a seis kilómetros de profundidad en busca de las tierras raras que podrían romper la dependencia del gigante asiático

Japón empieza a extraer tierras raras en aguas profundas: quiere dejar de depender de China
Navío japonés diseñado para extraer tierras raras de las aguas profundas del océano (Cropped)
Publicado en Ciencia

El control casi absoluto de China sobre el mercado de las tierras raras se ha convertido en una de las grandes vulnerabilidades estratégicas del siglo XXI. Minerales como el disprosio o el terbio, aunque desconocidos para el gran público, son el corazón de la tecnología moderna: resultan indispensables para fabricar los potentes imanes de los motores de vehículos eléctricos, las turbinas eólicas y un sinfín de dispositivos electrónicos. Pekín, a día de hoy, suministra la práctica totalidad de estos componentes a nivel mundial, una situación que genera una profunda inquietud en las potencias industriales.

En este escenario, Japón se encuentra en una posición especialmente delicada. Su economía depende de forma crítica de la importación de estos materiales, con un 60 % del total de sus tierras raras procedentes del gigante asiático. La dependencia expone a su potente industria tecnológica a las fluctuaciones y decisiones políticas de Pekín, un riesgo que el Gobierno nipón ha decidido que no puede seguir asumiendo.

H2:El órdago de Japón para romper la dependencia de China

Precisamente por eso, el país ha puesto en marcha una misión pionera y de enorme complejidad técnica. Durante un mes, el buque de investigación Chikyu operará en las aguas cercanas a la isla de Minamitori, a unos 1.900 kilómetros de Tokio, para intentar succionar lodo del fondo marino a una profundidad abisal de seis mil metros. Se trata, tal y como han publicado en Reuters, del primer intento mundial de recuperar estos minerales de forma sostenida a semejante profundidad, un hito en la historia de la minería submarina.

De hecho, esta iniciativa no es fruto de la improvisación, sino de una meditada estrategia gubernamental que viene gestándose desde hace años. Desde 2018, el Ejecutivo japonés ha destinado una inversión de 250 millones de dólares al desarrollo de la tecnología necesaria para hacer viable un proyecto de esta envergadura. El éxito o fracaso de estas pruebas determinará el futuro de la autonomía estratégica del país.

Si esta fase experimental resulta exitosa y la tecnología demuestra ser rentable, el horizonte para Tokio se despejaría notablemente. El siguiente paso en la hoja de ruta ya está fijado: llevar a cabo un ensayo de minería a gran escala en febrero de 2027. Una operación que podría, en última instancia, alterar el equilibrio geopolítico global de los recursos minerales y consolidar la soberanía de Japón en un sector clave para el futuro del planeta.

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