Los paleontólogos estudian "monstruos marinos" que habitaron la Tierra hace 250 millones de años
La vida se recuperó de la gran extinción masiva con una velocidad asombrosa. El hallazgo de dos especies de anfibios de 250 millones de años en Australia confirma una biodiversidad y dispersión oceánica global compleja
La vida en la Tierra es una maquinaria de resistencia imbatible. Un reciente hallazgo paleontológico ha desmantelado el dogma científico sobre la capacidad de recuperación tras la extinción masiva del Pérmico-Triásico, el mayor colapso biológico de la historia. Hace 250 millones de años, apenas un suspiro en términos geológicos después del desastre, los océanos ya bullían con una diversidad de depredadores que desafía las teorías previas sobre la supuesta lentitud evolutiva en tiempos de crisis. Este fenómeno, documentado ahora con precisión, obliga a revisar los mapas de biodiversidad que manejamos en España y en todo el hemisferio norte. Para entender mejor estos procesos geológicos, resulta fundamental analizar el verdadero origen de los continentes, cuya formación podría estar más ligada a la Vía Láctea de lo que pensábamos.
Un equipo del Museo Sueco de Historia Natural de Estocolmo ha reexaminado, mediante tecnología de imagen 3D de alta resolución, restos fósiles hallados originalmente en la década de los 70 en una remota zona de Australia Occidental. Lo que en su día se describió como una única especie, ha resultado ser un complejo ecosistema de anfibios marinos, parientes lejanos de nuestras ranas actuales pero con una fisonomía similar a la de los cocodrilos. Según recoge el estudio publicado en el Journal of Vertebrate Paleontology, el yacimiento de Noonkanbah albergaba al menos dos tipos de trematosáuridos con roles ecológicos distintos.
Un nuevo ecosistema bajo la potencia de un escáner 3D
Mientras que el Erythrobatrachus actuaba como un gran depredador local de cabeza ancha, la identificación de una segunda especie, el Aphaneramma, revela una conexión global asombrosa. Tal y como confirma la investigación, este especialista de hocico largo no solo habitaba en el entorno australiano, sino que sus restos han sido localizados en puntos tan distantes como el Ártico, Rusia, Pakistán y Madagascar. Esta dispersión inmediata confirma que los primeros vertebrados marinos del Mesozoico colonizaron el planeta de forma casi instantánea tras la catástrofe, una radiación que también dejó su impronta en la Península Ibérica. El movimiento de las placas que permitió tal dispersión depende en gran medida del oscuro secreto que existe en el núcleo de la Tierra y que marca las reglas del juego tectónico.
Jestermaxxers of
— Commandante Pangolin Hugger (@FriedrichFiles) February 23, 2026
post-apocalypse
"while Erythrobatrachus
is known exclusively from Australia, fossils of Aphaneramma have been reported from similar aged deposits on ♡Svalbard"
In first million years after the Great Dying these amphibians launched global 🌐》 pic.twitter.com/lAW9j0Cufa
El análisis demuestra que la vida se diversificó y ocupó nichos globales apenas dos millones de años después de "La Gran Muerte", una velocidad de resiliencia biológica que hasta ahora la ciencia no había podido documentar con tal exactitud. Los restos de estos anfibios, que durante décadas estuvieron dispersos en colecciones internacionales debido a limitaciones técnicas y extravíos históricos, se encuentran hoy en proceso de repatriación. Esta asombrosa tenacidad biológica tiene paralelismos modernos, como el caso del organismo que llevaba 46.000 años congelado en el permafrost y logró revivir.
Este descubrimiento no solo cierra un capítulo de confusión taxonómica de más de medio siglo, sino que establece un nuevo mapa de la vida en el inicio de la era de los dinosaurios. La naturaleza no solo sobrevive al colapso absoluto, sino que se reinventa con una agresividad y rapidez que obligan a mirar al pasado con un respeto renovado. El motor de la evolución, lejos de detenerse ante el abismo, se acelera para garantizar que la vida siempre encuentre un resquicio por el que volver a dominar la Tierra de forma fulminante.