Sale del campo y salvará vidas: los residuos agrícolas serán utilizados en este importante propósito

Una investigación en Alemania busca convertir material orgánico en plásticos biodegradables, que pueden utilizarse en fábricas y en diversos sectores

Sale del campo y salvará vidas: los residuos agrícolas serán utilizados en este importante propósito
Una nueva tecnología permite producir un bioplástico biodegradable usando materia orgánica
Publicado en Ciencia

Los restos de hierbas, heno o algas podrían dejar de ser simples desechos para convertirse en la base de una nueva generación de plásticos sostenibles. Al menos, ese es el objetivo del proyecto EcoPBS, que está siendo impulsado por un grupo de investigación junior de la Universidad de Oldemburgo. Y es que la pregunta clave sería: ¿es posible fabricar bioplásticos totalmente biodegradables a partir de residuos de jardinería y cultivos agrícolas?

Del jardín al plástico del futuro

Esta iniciativa, liderada por la química Melanie Walther y que cuenta con 2,7 millones de euros de financiación a cargo del Ministerio Federal de Investigación, Tecnología y Espacio de Alemania, tiene un gran objetivo. Se busca desarrollar una tecnología rentable y eficiente, desde el punto de vista energético, que permita producir PBS, también conocido como succinato de polibutileno, solamente utilizando materia orgánica procedente de desechos agrícolas.

En estos momentos, se sabe que el PBS es capaz de comportarse como algunos plásticos convencionales, en especial como el polipropileno o el polietileno, si hablamos en cuanto a su resistencia y facilidad de procesamiento. Sin embargo, la diferencia entre el PBS y estos plásticos mencionados anteriormente es que el primero es fácilmente biodegradable. Entonces, ¿cuál es el problema?

Hasta ahora, no se había conseguido fabricar un PBS completamente biológico, reciclable y viable para la industria química a gran escala. La propia Melanie Walther explica: "Para obtener un alto rendimiento, se necesitan microorganismos fáciles de cultivar y lo suficientemente estables como para ser eficientes en procesos de bajo coste y bajo consumo energético".

Y esta es la labor que ha sido encomendada al grupo de investigación junior. Este proyecto está compuesto de tres subproyectos, siendo el primero de ellos el de la optimización del proceso de fermentación, que es cuando se transforman los residuos orgánicos en subproductos previos al bioplástico. ¿Y cómo se consigue esto?

La doctora Melanie Walther en el laboratorio de la Universidad de Oldemburgo

La doctora Melanie Walther en el laboratorio de la Universidad de Oldemburgo

Los investigadores usarán distintos tipos de microbios para ver cuáles funcionan mejor y compararán dos recetas biológicas distintas para transformar los residuos en plástico. Una de esas recetas produce alcoholes como el butanol y la otra genera ácido succínico, que es uno de los ingredientes clave del bioplástico. El objetivo es comprobar qué método es más eficaz, más barato y el que consume menos energía.

El segundo subproyecto se encargará de estudiar la purificación. Es decir, lo que se intentará es eliminar sustancias no deseadas y transformar ese butanol en 1,4-butanodiol, una materia prima fundamental para la fabricación de plásticos. Para que el proceso sea lo más eficiente posible, los investigadores utilizarán simulaciones y técnicas de aprendizaje automático.

Por último, el tercer subproyecto será el que perfeccione una nueva sustancia química, que ya está siendo patentada, que permitirá eliminar contaminantes y lograr el primer PBS totalmente biodegradable. Además, se aprovecharán los residuos del proceso para generar electricidad y calor, siempre de manera sostenible, que serán utilizados en las instalaciones del laboratorio.

Después de conocer todo el proceso, quizás la pregunta más lógica sería: ¿qué aplicaciones reales tendrá este PBS en la industria? Desde la Universidad de Oldemburgo se asegura que este bioplástico podrá ser utilizado para fabricar envases o materiales médicos. Para conseguirlo, utilizarán modelos digitales en 3D. Y esta es una nueva muestra de cómo la economía circular continúa teniendo sentido en pleno siglo XXI.

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