Un depósito de sal más antiguo que los dinosaurios podría ser el futuro de Australia: producirá energía para sus habitantes
Australia halla en la Cuenca de Adavale la clave para el almacenamiento masivo de hidrógeno verde. Sus depósitos de sal permiten crear cavernas capaces de abastecer a veinte millones de hogares durante un día
El hidrógeno verde se erige como el pilar fundamental de la descarbonización en España, pero su viabilidad tropieza con un obstáculo crítico: el almacenamiento masivo. Mientras la industria nacional busca fórmulas para evitar que el excedente de producción renovable se desperdicie, una formación geológica prehistórica ha revelado la solución definitiva. La respuesta no reside en las limitadas baterías de litio, sino en convertir la propia corteza terrestre en una reserva estratégica de dimensiones colosales. Esta premura por soluciones efectivas resuena con la reciente polémica donde varios científicos cargan contra un informe del clima calificándolo de burla ante la emergencia actual.
La clave de este avance se halla en la Cuenca de Adavale, según detalla un informe técnico de Geoscience Australia. Tras una inversión de 31 millones de dólares, los geólogos han identificado el depósito de sal de Boree, una estructura anterior a la era de los dinosaurios situada a tres kilómetros de profundidad. Las perforaciones han extraído un núcleo de roca récord de 976 metros, confirmando la existencia de una capa de sal con el grosor idóneo para albergar energía a escala industrial.
Australia tiene una verdadera despensa energética en el subsuelo
El procedimiento técnico, ya validado en proyectos experimentales en Utah, consiste en crear inmensas cavidades mediante la disolución de la sal con agua. Mitchell Bouma, responsable de la investigación, subraya que estas cavernas permiten inyectar tanto hidrógeno verde como aire comprimido a alta presión. Se trata de una tecnología de almacenamiento geológico madura que promete estabilizar las redes eléctricas de los países con alta penetración de renovables. La protección del subsuelo resulta vital frente a amenazas externas, especialmente ahora que se estudia cómo las llamaradas solares podrían ser más calientes y poner en riesgo la infraestructura eléctrica de superficie.
Australia’s Underground Battery A salt deposit older than dinosaurs in Queensland’s Adavale Basin could become Australia’s biggest “hidden battery.” Geoscientists drilled 3,023m to study the Boree Salt and its potential for underground hydrogen storage—by dissolving salt to… pic.twitter.com/2C3eLnO7HS
— TechAmerica (@techamericaofcl) February 24, 2026
El impacto de este hallazgo en el mercado global es difícil de ignorar. Cada una de estas cavernas tiene capacidad para albergar 6.000 toneladas de hidrógeno, lo que se traduce en 100 gigavatios hora (GWh). Para ponerlo en perspectiva, una sola de estas cavidades equivale a la potencia combinada de 50 de las baterías de red más grandes del mundo. Un pequeño complejo de estos depósitos naturales bastaría para garantizar el suministro de 20 millones de hogares durante una jornada completa. Esta fiabilidad contrasta con la vulnerabilidad de otras fuentes, evidenciada cuando apagan las mayores centrales nucleares por la inesperada irrupción de bancos de medusas.
Esta arquitectura natural marca el camino para gestionar no ya horas, sino semanas de suministro eléctrico ininterrumpido. Para la estrategia energética española, dependiente de la intermitencia del sol y el viento, el aprovechamiento del subsuelo se presenta como la pieza maestra del puzzle. La carrera por el hidrógeno ya no se libra solo en los laboratorios de electrólisis, sino en la conquista de estos yacimientos geológicos que aseguran que la luz no se apague cuando el viento deje de soplar.