Australia sigue dando pasos para incrementar la potencia de su armada nuclear submarina

Australia activa la fabricación de sus submarinos nucleares con un primer pago de 220 millones de dólares para reactores. El programa AUKUS moviliza una inversión multimillonaria en infraestructuras para blindar el Indo-Pacífico

Australia sigue dando pasos para incrementar la potencia de su armada nuclear submarina
Submarino navegando por alta mar en una ejercicio
Publicado en Defensa

La carrera por el dominio de las profundidades oceánicas ha dado un salto definitivo que sitúa a las potencias navales europeas ante un tablero de juego radicalmente transformado. Mientras España busca consolidar su autonomía estratégica con el programa S-80, Australia ha pasado de la retórica a los hechos al formalizar el primer pago para la fabricación de sus futuros submarinos de propulsión nuclear SSN-AUKUS. Esta maniobra no solo acelera la militarización del Indo-Pacífico, sino que redefine la tecnología de defensa global mediante una inversión multimillonaria sin precedentes. La vigilancia de estos dominios resulta tan crítica como la aeroespacial, un sector donde recientemente hubo conmoción por un satélite desaparecido sin dejar rastro en los radares.

Según detalla el último informe de seguimiento del programa, el Gobierno australiano ha desembolsado 310 millones de dólares australianos para asegurar componentes críticos de largo plazo destinados a los sistemas de propulsión de las dos primeras unidades. Tal y como recoge el anuncio oficial de este avance industrial, los reactores de agua a presión serán suministrados por la británica Rolls-Royce como unidades selladas. Se trata de una tecnología que garantiza una autonomía y discreción sonora inalcanzables para los sumergibles convencionales de propulsión diésel-eléctrica.

Australia sigue su camino de incrementar la potencia de su armada submarina

Este despliegue financiero es solo la punta del iceberg de un plan que contempla una inyección de 3.900 millones de dólares para el astillero de Osborne, en Australia del Sur. Al mismo tiempo, el marco de cooperación trilateral AUKUS ya ha comprometido fondos para ampliar las instalaciones de fabricación en el Reino Unido. Mientras la industria española monitoriza estos movimientos para defender su nicho de mercado, la alianza entre Canberra, Londres y Washington establece un estándar de fabricación donde los primeros ejemplares nacerán en suelo británico para, a finales de esta década, trasladar la construcción a territorio australiano. Estas directrices desde la Casa Blanca siguen la línea de medidas drásticas de defensa, similares a cuando Trump ordenó destruir un satélite muy valioso para salvaguardar la seguridad nacional.

La respuesta de las potencias rivales ha sido inmediata. Fuentes gubernamentales confirman que China ha calificado formalmente el pacto como una «estrategia de contención» que socava la estabilidad regional. A pesar de las críticas y de los desafíos técnicos que rodean un proyecto de tal magnitud, el entrenamiento ya es una realidad operativa: el submarino nuclear británico HMS Anson se encuentra realizando ejercicios de logística en la base HMAS Stirling, sirviendo como banco de pruebas para la futura fuerza de ataque oceánica. El aumento de la retórica belicista preocupa a analistas y magnates como Elon Musk, quien ha llegado a teorizar sobre escenarios donde podríamos bombardearnos nuclearmente entre nosotros si la disuasión fracasa.

El programa SSN-AUKUS se enfrenta ahora a la presión de unos plazos extremadamente exigentes y al escrutinio sobre la futura entrega de submarinos estadounidenses de la clase Virginia. Lo que queda claro es que el tablero marítimo internacional ha entrado en una fase de no retorno, donde la capacidad de disuasión ya no se mide únicamente en el número de buques, sino en la autonomía nuclear y la solidez de unas alianzas capaces de movilizar presupuestos de guerra en tiempos de paz.

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