China tiene un nuevo plan para invadir Taiwán. Quiere «decapitar» sus defensas con su tecnología
Los estrategas militares de Pekín perfilan ya su plan para doblegar a Taiwán: un «ataque de decapitación» de alta tecnología diseñado para evitar la temida guerra de desgaste y colapsar el liderazgo de la isla
Incluso una victoria militar aplastante podría convertirse en una pesadilla estratégica. Esta es la gran paradoja que afrontan los estrategas del Ejército Popular de Liberación chino en sus planes para una posible invasión de Taiwán. Los propios analistas de Pekín son conscientes de que el mayor riesgo no es el asalto inicial, sino la posibilidad de que se desate una insurgencia posterior difícil de controlar, convirtiendo una conquista rápida en una ocupación inestable y sangrienta a largo plazo.
De hecho, este temor a un conflicto enquistado es lo que define toda su doctrina militar. La cúpula china sabe que su principal adversario es el tiempo, precisamente el arma que Taiwán pretende usar en su contra. La defensa de la isla se basa en la llamada «estrategia del puercoespín», un planteamiento diseñado para convertir cualquier desembarco en un atolladero de altísimo coste para el invasor.
La tecnología como clave para una victoria fulminante
Para ello, la isla se ha preparado para una guerra de desgaste, desplegando miles de armas ágiles y letales como los misiles antitanque Javelin o los sistemas antiaéreos Stinger. Su objetivo es enredar a las fuerzas chinas en emboscadas y combates urbanos, anulando su superioridad numérica y ganando unas horas cruciales a la espera de una hipotética intervención internacional. Este enfoque defensivo se inspira directamente en conflictos actuales, con Ucrania convertida en un campo de pruebas para la tecnología militar donde se valida la eficacia de tácticas asimétricas.
'The Chinese Dream' — Chinese poster from 2013 showing Xi Jinping with the People's Liberation Army. The island to the left is one of the Senkaku/Diaoyu Islands disputed between China and Japan. pic.twitter.com/85A8DQ2sWe
— Propagandopolis (@propagandopolis) March 28, 2023
Frente a esta amenaza, la respuesta de Pekín es la antítesis: un «ataque de decapitación» fulminante. En lugar de enzarzarse en un combate callejero —uno de sus puntos débiles—, la ofensiva se centraría en ataques quirúrgicos contra objetivos de alto valor. Según informa el medio local South Morning China Post, las oficinas presidenciales, los centros de mando y los cuarteles generales serían los blancos prioritarios para paralizar al Estado taiwanés desde el primer momento. Para lograr esta parálisis, Pekín contaría con nuevas superarmas y aviones futuristas diseñados para penetrar las defensas enemigas con precisión.
Asimismo, para garantizar la precisión de estas operaciones, los planes contemplan el empleo masivo de drones y sistemas de inteligencia artificial, una táctica que busca neutralizar la resistencia antes de que pueda organizarse de manera efectiva. Esta aproximación se inspira en conflictos recientes, donde se ha demostrado que los drones terrestres son capaces de transformar el panorama militar y neutralizar defensas con gran eficacia.
Por último, en el caso de que el combate urbano fuera inevitable, la doctrina china también tiene una respuesta tecnológica. El plan es desplegar tanques no tripulados y robots de combate para minimizar las bajas en sus propias filas y superar las defensas sin exponer a sus soldados de infantería, apostando todo a una victoria relámpago que evite el temido escenario del desgaste.