De los drones de ataque a los drones cisterna: así se podrá abastecer a los aviones en pleno vuelo

Tras superar diversos retrasos, la Marina estadounidense y Boeing han iniciado las pruebas de rodaje del primer MQ-25 Stingray operativo, el dron de reabastecimiento que revolucionará la autonomía

De los drones de ataque a los drones cisterna: así se podrá abastecer a los aviones en pleno vuelo
Arte conceptual en el que un dron MQ-25 Stingray se encarga de repostar un caza de combate en el aire (Boeing)
Publicado en Defensa

El futuro de la guerra aeronaval ya rueda por la pista, y lo hace sin piloto a bordo. La Marina estadounidense, en estrecha colaboración con el gigante aeroespacial Boeing, ha iniciado una fase determinante con el primer MQ-25 Stingray plenamente operativo. No estamos ante un simple avión teledirigido más, sino frente al comienzo de las pruebas de rodaje de un sistema que promete revolucionar la logística militar tal y como la conocemos hoy.

En este contexto, la importancia estratégica de este aparato es capital para la actual administración del presidente Donald Trump. Su función principal será liberar a los cazas de combate de las tediosas tareas de suministro, actuando como un multiplicador de fuerzas decisivo que permitirá extender el alcance operativo de la flota embarcada sin arriesgar vidas humanas en labores de apoyo puramente logísticas. Optimizar estos recursos es urgente, sobre todo sabiendo que el avión de combate F-35 tendrá menos actualizaciones de hardware de lo esperado, lo que hace vital maximizar su tiempo en el aire mediante el repostaje externo.

Una hoja de ruta escalonada hacia el combate

Por su parte, las maniobras iniciales han tenido lugar en las instalaciones de MidAmerica, situadas en San Luis. El objetivo inmediato es verificar el comportamiento en tierra de este sistema no tripulado, diseñado específicamente para abastecer de combustible a otras aeronaves de forma totalmente autónoma, un hito técnico que cambia las reglas del juego y la proyección de poder en alta mar. Esta capacidad de alcance extendido es lo que permite movimientos estratégicos audaces, como cuando Estados Unidos despliega su avión de combate más peligroso en bases remotas del Pacífico como Guam.

A este respecto, tal y como apunta información técnica recogida por Interesting Engineering, el diseño actual no surge de la nada, sino que recoge la herencia del antiguo programa UCLASS, que originalmente estaba pensado para labores de vigilancia. Pese a los retrasos técnicos y los ajustes de presupuesto sufridos, el éxito previo del prototipo T1 en 2021 demostró que la tecnología estaba madura para dar el salto definitivo.

De igual forma, el plan trazado por el Pentágono contempla la entrega inminente de nueve unidades de preproducción por parte del fabricante. Es importante destacar que cinco de estos aparatos no llegarán a volar, ya que se destinarán exclusivamente a realizar pruebas estáticas y de fatiga en tierra, un paso imprescindible para garantizar que la estructura soporte la dureza de operar desde un portaaviones.

En cuanto a los plazos, si no surgen nuevos escollos en el camino, los ensayos de vuelo reales arrancarán durante el próximo año 2025. La meta final es lograr la integración en las cubiertas de vuelo para el año 2026, momento en el que los pilotos humanos y los sistemas automatizados deberán aprender a convivir y coordinarse en escenarios de máxima tensión operativa. Dicha coordinación también será objeto de estudio en las marinas aliadas, considerando cómo son los portaviones de los países de la OTAN y sus capacidades para operar con estas tecnologías emergentes.

Finalmente, la ambición de Washington no se queda en un puñado de prototipos experimentales. El objetivo a largo plazo pasa por la adquisición total de 76 aeronaves, consolidando así una red logística robusta que asegure la supremacía aérea de Estados Unidos frente a cualquier potencia rival que ose desafiar su dominio en los océanos.

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