Pesa 100.000 toneladas y ha empezado su primer test en mar abierto: el portaaviones más moderno de USA en marcha

El portaaviones USS John F. Kennedy surca ya las aguas en sus pruebas de mar, un paso vital para una Armada que encara sobrecostes millonarios y el riesgo de reducir su capacidad naval bajo mínimos legales

Pesa 100.000 toneladas y ha empezado su primer test en mar abierto: el portaaviones más moderno de USA en marcha
USS John F. Kennedy durante unas operaciones de mantenimiento
Publicado en Defensa

El portaaviones USS John F. Kennedy ha abandonado finalmente los astilleros de Virginia para afrontar sus pruebas de mar. Este despliegue supone el inicio de una fase crítica para la Marina de los Estados Unidos tras años de intensos preparativos técnicos. Se trata de la segunda unidad de la clase Ford, una pieza que resulta fundamental en la estrategia de defensa diseñada por la administración del presidente actual Donald Trump.

Por otro lado, la trayectoria de este buque insignia no ha estado exenta de contratiempos logísticos. La entrega oficial se ha reprogramado para el año 2027 debido a diversas complicaciones en la certificación de sus sistemas de detención y elevadores de armas. Estas demoras, sumadas a la falta de mano de obra especializada, han obligado a reajustar el calendario operativo de la flota estadounidense de manera drástica durante los últimos meses.

Un despliegue vital para el Pacífico

En este sentido, fuentes especializadas como The War Zone apuntan a que el coste total de adquisición ha escalado hasta superar los 12.100 millones de euros. A pesar del enorme desembolso, el Pentágono defiende la inversión destacando el salto tecnológico del navío, que cuenta con el avanzado radar AN/SPY-6(V)3. Además, el buque está diseñado para operar con cazas F-35C desde el mismo instante en que se incorpore formalmente al servicio activo.

Asimismo, la llegada del Kennedy responde a una necesidad legal y operativa que no admite más esperas en el actual escenario de seguridad. El Congreso estadounidense obliga a mantener una flota de al menos doce portaaviones para asegurar su capacidad de intervención global. El riesgo de que el veterano USS Nimitz se retire antes de tiempo podría dejar a la Armada con solo diez unidades, un escenario que amenaza la seguridad nacional en un momento de gran tensión exterior.

Además, el destino del nuevo activo militar ya se ha definido para potenciar la vigilancia en áreas de especial fricción internacional. El navío será el primero de su clase en establecer su base permanente en la costa oeste, reforzando así la presencia militar en el Pacífico. Este movimiento táctico subraya el interés prioritario de la Casa Blanca por controlar los equilibrios de poder en el tablero internacional mediante una mayor movilidad y potencia de fuego.

Por último, este hito marca solo el principio de una renovación profunda de la hegemonía naval norteamericana en la próxima década. Al Kennedy le seguirán los futuros Enterprise y Doris Miller, consolidando una serie de gigantes de acero que aseguren el dominio de los océanos. Con esta salida a mar abierto, el Gobierno busca certificar que su capacidad de proyectar fuerza militar se mantiene intacta frente a los crecientes desafíos geopolíticos de la época actual.

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