Diseñan un dron que es capaz de capturar drones enemigos para poder investigarlos
Soldados de la Guardia Nacional de Pensilvania logran el premio a la mejor innovación del Ejército estadounidense con Project RED. El dispositivo, que utiliza inteligencia artificial y un brazo robótico impreso en 3D
La guerra moderna ha mutado irrevocablemente. El conflicto en Ucrania ha consolidado a los sistemas no tripulados como los principales verdugos del campo de batalla, obligando a las potencias occidentales, con España en plena fase de actualización táctica, a rediseñar sus doctrinas defensivas. Ya no basta con abatir al adversario; la nueva frontera estratégica reside en la captura de tecnología en pleno fragor del combate, transformando drones derribados en valiosos activos de inteligencia. De hecho, Ucrania se ha convertido en un campo de pruebas de tecnología militar donde cada innovación táctica se examina bajo fuego real.
En este escenario de vanguardia, el Project RED (Recovery Exploitation Drone) se ha alzado como el sistema más disruptivo durante la reciente competición de guerra tecnológica celebrada en Alabama. Desarrollado por miembros de la 28.ª División de Infantería de la Guardia Nacional de Pensilvania, este ingenio utiliza un brazo robótico de fibra de carbono fabricado mediante impresión 3D. Su función es tan pragmática como letal: localizar y extraer aeronaves enemigas caídas, operando con una precisión similar a las máquinas de tracción de los salones recreativos, pero con objetivos de seguridad nacional. Aunque los drones asustan en la guerra del futuro, invenciones como esta demuestran que ya existen soluciones efectivas para acabar con ellos.
Inteligencia artificial sobre el terreno para reforzar drones
La relevancia de este avance permite al Laboratorio de Investigación del Ejército (ARL) perfeccionar algoritmos de inteligencia artificial capaces de distinguir entre unidades aliadas y hostiles antes de proceder a su recuperación. Tal y como reporta el Centro Europeo por los Derechos Constitucionales y Humanos, el despliegue masivo de estos sistemas plantea desafíos éticos y legales sobre la identificación de objetivos, pero la prioridad militar se centra hoy en la explotación técnica del material incautado para anular las ventajas del oponente.
La urgencia es total y las cifras abrumadoras. Mientras los informes de inteligencia indican que Rusia adquiere cerca de 100.000 drones de bajo coste cada mes, Estados Unidos proyecta la adquisición de un millón de unidades en el próximo trienio. En este contexto de saturación tecnológica, el equipo liderado por el sargento Robert Reed subraya que la capacidad de canibalizar la chatarra aérea enemiga es la clave para obtener una ventaja competitiva en la guerra de desgaste que define el presente siglo. Para complementar este arsenal aéreo, Estados Unidos selecciona empresas para una importante misión de vehículos autónomos, buscando acelerar su integración en combate.
La victoria de una unidad de la Guardia Nacional sobre los colosos de la industria armamentística tradicional evidencia un cambio de paradigma: la innovación de bajo coste y la agilidad técnica superan hoy a la burocracia de los grandes contratos. Para las Fuerzas Armadas españolas y sus socios de la OTAN, la capacidad de procesar datos y recuperar tecnología rival en tiempo récord se perfila como el factor determinante de la soberanía defensiva. La superioridad militar del siglo XXI no se medirá solo en potencia de fuego, sino en la rapidez para transformar un sistema capturado en una vulnerabilidad crítica para el enemigo.