El Pentágono exige naves de carga robóticas capaces de realizar misiones furtivas

El Pentágono impulsa una flota de cargueros robóticos y prescindibles para blindar la logística en aguas en conflicto. Estos buques autónomos de bajo perfil transportarán nueve toneladas de suministros en entornos hostiles

El Pentágono exige naves de carga robóticas capaces de realizar misiones furtivas
Maquinaria trabajando en una base militar cargando material ofensivo
Publicado en Defensa

La logística naval se enfrenta a su mayor transformación desde la Segunda Guerra Mundial. El Pentágono ha iniciado el despliegue de barcos autónomos "sacrificables", una tecnología que redefine el abastecimiento en zonas de conflicto y que la Armada española sigue con atención prioritaria. En un escenario de amenazas crecientes en el flanco sur y el Atlántico, la capacidad de suministrar material sin arriesgar vidas humanas se convierte en una prioridad estratégica para la defensa de archipiélagos como Canarias o Baleares. Esta transformación digital y logística va en consonancia con los planes nacionales, donde el procesamiento se convierte en un pilar para el Ejército español a la hora de modernizar sus capacidades.

Según detalla la Unidad de Innovación de Defensa (DIU) de Estados Unidos, el proyecto busca cargueros de bajo perfil diseñados para ser prescindibles en misiones de alto riesgo. El plazo para presentar propuestas expira el próximo 16 de marzo, con una exigencia operativa sin precedentes: los primeros sistemas deben estar operativos en apenas 180 días. Este despliegue acelerado responde a la urgencia de jubilar los grandes y vulnerables buques de transporte tradicionales en entornos litorales hostiles.

El Pentágono quiere mejorar su logística naval con esta tecnología

Estos "drones de superficie" contarán con una capacidad mínima de 9 toneladas y un diseño tan compacto que permitirá su traslado por carretera en remolques convencionales. Los navíos alcanzarán los 12 nudos a plena carga y tendrán una autonomía de 2.000 millas náuticas. Su robustez les permitirá operar incluso en el exigente Estado de Mar 5, manteniendo la operatividad con oleajes de hasta cuatro metros de altura. Esta tendencia hacia la saturación del espacio de batalla refleja cómo los drones de combate pasan al siguiente nivel, preparándose para atacar en enjambres coordinados.

El verdadero cerebro de estas naves reside en su capacidad para operar en entornos de comunicaciones degradadas o con la señal GPS interferida. Equipados con sensores de última generación, los buques podrán sortear puertos congestionados y vías fluviales transitadas de forma autónoma. Además, el diseño incluye un protocolo de hundimiento remoto para evitar que la tecnología o la carga caigan en manos enemigas si la misión se ve comprometida. La validación de sistemas autónomos es una tendencia global, ejemplificada por el reciente ensayo de un dron futurista que quiere cambiar la guerra y que comparte la filosofía de operar sin tripulación.

Esta apuesta por la logística robótica de bajo coste redefine la supervivencia en el mar y establece un nuevo estándar para la defensa de litorales disputados que impactará directamente en los planes de modernización europeos. El dominio de los mares ya no dependerá exclusivamente del tonelaje de las fragatas, sino de la capacidad de saturar el espacio marítimo con unidades invisibles, eficaces y, sobre todo, reemplazables.

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