El portaviones más imponente de la armada estadounidense se mueve a este área de tensiones

El portaaviones más avanzado de la Armada estadounidense pone fin a su despliegue histórico en aguas del Mediterráneo tras actuar como dique de contención frente a una posible escalada regional

El portaviones más imponente de la armada estadounidense se mueve a este área de tensiones
USS Gerald R. Ford (CVN-78) en unos ejercicios marítimos (Wikimedia Commons)
Publicado en Defensa

Washington ha movido ficha en el tablero del Mediterráneo Oriental. El USS Gerald R. Ford, el portaaviones más grande y sofisticado jamás construido, abandonó este martes su zona de operaciones tras una misión que se dilató en el tiempo ante la volatilidad de la región. Su despliegue no respondió a un ejercicio rutinario, sino que constituyó una respuesta directa a la inestabilidad provocada por el conflicto entre Israel y Hamás con el fin de evitar la apertura de nuevos frentes.

La llegada de este gigante de los mares supuso un despliegue de fuerza sin precedentes. Con capacidad para transportar más de 75 aeronaves y una tripulación de miles de marineros, el buque operó como una base aérea flotante lista para intervenir en cuestión de minutos. El Pentágono decidió extender su permanencia en la zona hasta en tres ocasiones, una señal inequívoca de que la seguridad en el área era extremadamente frágil y requería una vigilancia constante.

Un escudo tecnológico de Estados Unidos en aguas internacionales

Según los datos recogidos por The War Zone este movimiento estratégico buscaba específicamente frenar las aspiraciones de Irán y de la milicia libanesa Hezbolá de internacionalizar el conflicto. La tecnología que incorpora el Gerald R. Ford marca la diferencia respecto a sus predecesores, especialmente por su sistema electromagnético de lanzamiento de aviones, que permite una operatividad mucho más ágil que los antiguos mecanismos de vapor.

El regreso del portaaviones a su base de Norfolk, en Virginia, cierra un capítulo crítico en la estrategia de defensa estadounidense. Durante su estancia, el buque mantuvo una estrecha colaboración con los aliados regionales, reforzando la postura de la OTAN y asegurando las rutas comerciales ante posibles agresiones. La complejidad técnica de su mantenimiento y la necesidad de rotar a las fuerzas navales han sido los factores determinantes para ordenar su repliegue definitivo.

Pese a su marcha, el mensaje enviado a Teherán se mantiene firme. La capacidad de Estados Unidos para proyectar su poder militar en cualquier punto del globo sigue intacta tras demostrar que puede movilizar sus mejores activos en tiempo récord. La salida del Gerald R. Ford no implica un vacío de poder, ya que la Armada mantiene otros efectivos en la zona para garantizar la estabilidad y proteger los intereses internacionales en un escenario que sigue siendo de alta tensión.

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