Estados Unidos ya sabe como vencer en la "Segunda Guerra Fría": quiere un ejército de robots

Una startup estadounidense se prepara para desplegar un ejército de 50.000 robots humanoides en el campo de batalla, una iniciativa que amenaza con rebajar las barreras políticas para el uso de la fuerza militar

Estados Unidos ya sabe como vencer en la "Segunda Guerra Fría": quiere un ejército de robots
Robots con cadenas y un sistema de sensores para poder manejar una ametralladora a control remoto
Publicado en Defensa

La guerra del futuro podría librarse sin bajas humanas, al menos para uno de los bandos. Esta perspectiva, que hasta hace poco pertenecía a la ciencia ficción, está alimentando un profundo debate sobre las consecuencias de abaratar los conflictos bélicos. La principal preocupación de los analistas es que la capacidad de desplegar máquinas en lugar de soldados reduzca las barreras psicológicas para emplear la fuerza, haciendo que las intervenciones militares se perciban como una opción con un coste humano reducido y, por tanto, más fácil de justificar políticamente. Junto a la robótica, otras tecnologías disruptivas están redefiniendo el campo de batalla, como la reciente presentación de la que podría ser el arma láser más potente del mundo por parte de China.

De hecho, este escenario se acerca a la realidad con la irrupción de nuevas empresas en el sector de la robótica de combate. La compañía emergente Foundation, con sede en Estados Unidos, ha presentado un plan para fabricar 50.000 robots humanoides para finales de 2027.

La hoja de ruta de la empresa revela un plan de producción exponencial, que comenzaría con 40 unidades este mismo año y alcanzaría las 10.000 unidades en 2026. Este impulso no proviene únicamente de compañías emergentes, pues los ejércitos tradicionales también avanzan en la integración de sistemas autónomos, como demuestra el desarrollo de un submarino británico capaz de lanzar drones espía.

Un soldado de metal con correa humana

Este autómata, bautizado como Phantom MK-1, ha sido concebido con una doble función: industrial y militar. Su diseño está preparado para operar en los entornos más hostiles y, tal y como informa Forbes, está diseñado para misiones de reconocimiento, desactivación de explosivos y otras operaciones de alto riesgo.

Para garantizar su eficacia en combate, sus creadores han optado por un sistema de visión basado en cámaras, descartando los sensores LiDAR por considerarlos más vulnerables. La miniaturización es otra de las fronteras en este campo, tal y como evidencia el desarrollo de un dron del tamaño de un mosquito por parte del ejército chino para misiones similares.

Para disipar los temores sobre la autonomía de las armas modernas, la compañía ha dejado claro que el robot nunca tomará decisiones letales por sí mismo. El sistema operará bajo un estricto modelo de «humano al mando», lo que garantiza que un operador humano mantendrá en todo momento el control final sobre las acciones críticas de la máquina, especialmente aquellas que impliquen el uso de la fuerza.

Por otro lado, la estrategia comercial de Foundation no contempla la venta directa de sus unidades. En su lugar, la empresa ofrecerá un modelo de arrendamiento con un coste que rondará los 100.000 dólares anuales por cada robot. Este enfoque facilitaría un despliegue masivo y rápido por parte de ejércitos o corporaciones, transformando la guerra en una cuestión más económica que humana.

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