"Hoteles de cinco estrellas" así serán los submarinos de Canadá, o al menos así serán comparados con los de este país
Corea del Sur propone a Canadá la fabricación de una docena de submarinos de ataque diésel para renovar su armada, en una operación que supera los 12.000 millones de dólares. Se trata de un paso considerable para Seúl
La renovación de la envejecida flota de submarinos de Canadá ha desatado una pugna industrial de primer orden. Sobre la mesa, dos propuestas de enorme envergadura compiten por un contrato que supera los 12.000 millones de dólares. Por un lado, la candidatura de Corea del Sur, respaldada por un consorcio de gigantes como Hanwha y Hyundai; por el otro, la oferta de la alemana Thyssenkrupp Marine Systems (TKMS), un gigante de la construcción naval con una trayectoria consolidada en el sector de la defensa a nivel mundial.
En este pulso industrial, Seúl ha puesto sobre la mesa un proyecto ambicioso: la construcción de una docena de submarinos de ataque diésel. Lejos de ser convencionales, estos sumergibles han sido descritos como "hoteles de cinco estrellas" por el énfasis puesto en la seguridad operativa y el confort de la tripulación. Una delegación surcoreana de alto nivel, encabezada por el jefe de gabinete presidencial, Kang Hoon-sik, fue la encargada de presentar los detalles de una oferta que demuestra el músculo tecnológico del país asiático.
Un contrato naval con profundas implicaciones estratégicas
De hecho, para Corea del Sur este contrato es mucho más que una venta de material militar. La adjudicación representaría un hito trascendental al garantizar su acceso a los mercados occidentales y de la OTAN, un objetivo estratégico largamente perseguido por su pujante industria de defensa, según ha informado el medio Reuters. Se trata, en definitiva, de una puerta de entrada a un club muy exclusivo. Este acceso es especialmente codiciado en un momento en que la alianza atlántica explora nuevas fronteras tecnológicas, como demuestran las pruebas con zepelines para revolucionar la guerra naval y realizar viajes, redefiniendo las capacidades de vigilancia.
Por su parte, el Gobierno canadiense no contempla la operación como una simple compra de equipamiento. Ottawa ve en este proyecto una notable oportunidad para impulsar una cooperación industrial a largo plazo, capaz de generar empleo cualificado y, sobre todo, mejorar la vigilancia de sus aguas árticas, una zona de creciente importancia geoestratégica. La decisión final, por tanto, sopesará tanto las capacidades técnicas de los sumergibles como su impacto en el tejido productivo del país. Esta necesidad de control se acentúa por la presencia de adversarios potenciales en la zona, cuyas capacidades son un recordatorio constante de la importancia de la modernización, como es el caso del submarino nuclear ruso en el Ártico, un activo clave de la flota del Kremlin.
A great side view of a Victoria class SSK pic.twitter.com/1o4tc3PE4x
— 🇬🇧 The_Sub_Hunter 🇨🇦 (@TheSubHunter1) December 29, 2023
Asimismo, las estimaciones económicas que rodean al proyecto subrayan su potencial transformador. Los cálculos apuntan a que el acuerdo podría inyectar en la economía canadiense más de 27.600 millones de dólares en beneficios indirectos, además de crear alrededor de 20.000 puestos de trabajo. Estas cifras convierten la licitación en un auténtico motor para la economía, con un alcance que va mucho más allá de las paredes de los astilleros.
Además, la propuesta surcoreana no surge en el vacío, sino que se apoya en un sólido historial de colaboración bilateral. Ambos países ya han formalizado hasta seis acuerdos de cooperación previos en áreas tan diversas como la industria del acero, la inteligencia artificial o el suministro de tierras raras, creando un marco de confianza mutua que podría ser clave a la hora de abordar una empresa de esta envergadura.