Los drones cada vez son más letales: ahora serán casi invisibles para los sistemas enemigos

El ejército ucraniano estrena en el frente un avanzado dron espía de hidrógeno, casi indetectable por su baja firma térmica y su sigilo, una nueva baza tecnológica en su pulso contra la invasión rusa

Los drones cada vez son más letales: ahora serán casi invisibles para los sistemas enemigos
El dron Raybird que va a ser enviado a Ucrania tiene como firma de calidad su sigilo a la hora de volar en el cielo
Publicado en Defensa

Doce horas de vuelo pueden parecer una cifra modesta, sobre todo si se compara con las más de 28 que alcanza el modelo convencional. Sin embargo, en el nuevo dron Raybird que opera en Ucrania, esta reducción no es un defecto, sino la consecuencia de una apuesta estratégica: la de sacrificar deliberadamente la autonomía para ganar en un campo mucho más valioso en la guerra moderna, el de la invisibilidad. La empresa Skyeton ha modificado su conocido aparato de vigilancia para que funcione con un sistema de propulsión híbrido basado en hidrógeno. Esta especialización es una tendencia en el sector, donde también se exploran drones con diseños de helicóptero para ofrecer versatilidad en el despegue y aterrizaje vertical.

Sin embargo, esta aparente desventaja esconde su mayor virtud. El uso de hidrógeno para alimentar los motores eléctricos confiere al dron una firma térmica casi nula, lo que lo convierte en un objetivo extremadamente difícil de detectar para las defensas antiaéreas. A esta cualidad se suma un funcionamiento mucho más silencioso que el de su hermano con motor de combustión, una característica fundamental para sobrevolar territorio enemigo sin delatar su presencia y cumplir con su misión principal: la obtención de inteligencia en el frente.

Un espía casi invisible en los cielos de Ucrania

Su función de inteligencia es distinta a la de otras aeronaves no tripuladas cuyo uso se ha popularizado en el conflicto, como es el caso de los drones kamikazes diseñados para el ataque directo.

De hecho, esta capacidad para pasar desapercibido no es fruto de la improvisación. El sistema ha sido sometido a dos años de pruebas de laboratorio para garantizar su fiabilidad, según informa el medio especializado Defender Media. El diseño contempla el uso de hidrógeno almacenado en cartuchos fácilmente intercambiables, una solución logística que permite repostar el aparato de forma rápida y segura directamente en la zona de operaciones, sin necesidad de infraestructuras complejas.

Asimismo, el resto de sus características técnicas lo confirman como una herramienta de vigilancia muy competente. El aparato mantiene una velocidad de crucero de 110 kilómetros por hora y presenta un peso máximo al despegue de 23 kilogramos. De esa masa total, puede destinar hasta 10 kilogramos de carga útil para alojar los sofisticados equipos de reconocimiento y los sensores necesarios para llevar a cabo sus tareas de espionaje con la máxima eficacia.

Este enfoque en la vigilancia aérea contrasta con el desarrollo de otros drones espía con capacidades híbridas, que combinan el vuelo con la capacidad de desplazarse por tierra para misiones de infiltración.

Por otro lado, el margen de mejora en su autonomía sigue siendo una prioridad para sus desarrolladores. Aunque las doce horas actuales ya suponen un tiempo de operación considerable, los ingenieros de Skyeton trabajan para optimizar el rendimiento del sistema. El objetivo a corto plazo es extender la duración de sus misiones hasta alcanzar las 20 horas, reduciendo así la brecha con la versión de combustión y ampliando todavía más sus capacidades tácticas en el campo de batalla.

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