La Euro 7 va a afectar de lleno al mundo del automóvil, y son muy malas noticias para los conductores
La normativa Euro 7 terminará por dinamitar la inversión en motorizaciones de combustión interna. ¿Qué le depara al automóvil en Europa?
La industria del automóvil, sin duda alguna, no vive su momento más dulce. La apuesta por la movilidad sostenible está provocando que los fabricantes estén buscando múltiples alternativas para poder sobreponerse a los nuevos golpes que está realizando. La producción de un vehículo puede suponer, entre inversión y adaptación de cadena de montaje, cientos, e incluso miles, de millones de euros. ¿Qué ocurre si, al mismo tiempo, se introducen nuevas normativas mucho más restrictivas? El caldo de cultivo que se ha formado plantea muchas dificultades.
Como es habitual en estos casos, el principal damnificado en la ecuación será el consumidor, el cual debe estar preparado para incrementos en los precios en el futuro. En cierto modo, la futura entrada de la normativa Euro 7 puede servir de estoque final para algunas empresas. Firmas tradicionales como Renault han diseñado estrategias para adaptarse a los nuevos cambios, algo impensable hace, quizás, solo una década. La electrificación acelerada ha pillado con el pie cambiado a algunos competidores y esto repercutirá en la factura.
Veamos, por tanto, en qué situación se encuentra el parque automovilístico ante la inminente llegada de esta nueva normativa, por qué Europa está abocada a un incremento continuado en los precios del automóvil y, por supuesto, hasta qué punto le va a afectar a la industria el desarrollo de una reglamentación mucho más dura con las emisiones contaminantes.
La Euro 7 y cómo incentivará el crecimiento de los precios en la industria
La Euro 7 está a la vuelta de la esquina y, sin duda alguna, puede poner la puntilla al desarrollo de motores de combustión interna en el mercado. Se espera que los límites de emisiones sean tan serios que difícilmente podrá ser posible la matriculación de vehículos diésel o gasolina. La hibridación, hibridación enchufable y, en última instancia, la electrificación, serán la base de la comercialización de automóviles en el Viejo Continente en el plazo de 3 años. De hecho, se espera el fin a la investigación de las mecánicas convencionales para entonces.
Es importante tener en cuenta que el fin de la movilidad basada en combustibles fósiles tendrá lugar para el año 2035. Pese a contar con un margen de más de una década de por medio, los fabricantes están anticipándose a las restricciones futuras, por lo que es muy probable que la entrada en vigor de la Euro 7 acabe por completo con el desarrollo de motores convencionales. Ni siquiera el conocido como el downsizing será suficiente para cumplir con los estándares presentes en menos de un lustro.
Es cierto que el coche eléctrico posee múltiples ventajas frente a los convencionales, pero la legislación está siendo, quizás, demasiado dura con estos últimos. Fabricantes como Toyota, directamente, no están apoyando su futuro en la movilidad puramente eléctrico, sino que creen que la opción híbrida es la que tiene un mayor potencial. Sea como fuere, todo parece indicar que cumplir con las emisiones contaminantes será un desafío que no todas las compañías actuales podrán alcanzar. Llegados a este punto, habrá que determinar si la conversión del parque automovilístico tiene sentido.
Echando un rápido vistazo al contexto internacional, parece evidente señalar que el continente europeo es el área geográfica que más está apostando por este modelo a marchas forzadas. Es cierto que el precio actual de los carburantes no parece acompañar la defensa de los motores diésel y gasolina, pero la imposición de las mecánicas híbridas y enchufables y las eléctricas puede estar siendo muy dura. Al fin y al cabo, este tipo de propuestas está siendo acompañada por legislaciones muy fuertes por parte de los municipios. El mejor ejemplo de ello nos lo muestra la imposición de Zonas de Bajas Emisiones (ZBE).