El país del sol naciente tiene una sensibilidad especial, una filosofía completamente distinta al resto de países del mundo, algo que se deja notar hasta en la forma que tienen de entender la tecnología y su uso que hacen de ella.

Algo se muere en el alma cuando un amigo se va

En Japón tienen claro a estas alturas que los robots han llegado para quedarse y las mascotas robóticas están a la orden del día.
Por eso no es que ya los hayan integrado tanto en su vida que incluso uno de ellos opte seriamente a la alcaldía de un municipio, es que algo se les muere en el alma cuando un amigo se va. Y da igual que el amigo tenga circuitos de silicio y cables en lugar de carne y hueso.

Y si hay un amigo del hombre, ese es el perro. Por eso han oficiado un funeral en un tradicional templo budista para más de 100 buenos perros que han pasado a mejor vida. ¿A quién no le duele despedirse de su fiel y amada mascota? Salvo por un pequeño detalle: todos son robots.

Los robots Aibo están de moda, pero los de ahora son tan modernos que integran hasta inteligencia artificial. No así las viejas generaciones que, aunque no cuenten con tantos adelantos, se han ganado el corazón de sus dueños.

Un funeral multitudinario de robots. The Japan Times

Un funeral a la vieja usanza

Precisamente los más antiguos fueron los honrados con un funeral tradicional japonés en pasado 26 de abril en la Prefectura de Chiba, según el The Japan Times.

Había Aibo de todo tipo, pero sobretodo los primeros que Sony lanzó en mayo de 1999, que según la firma nipona eran:

El primer robot diseñado para el entretenimiento en el hogar, equipado con aprendizaje adaptativo y capacidades que permite desarrollar personalidad única.

De esa primera generación se vendieron más de 150.000 unidades antes de que Sony los discontinuara en 2006.

El sacerdote budista que ofició el funeral. The Japan Times

No es que los "cadáveres" de los robots Aibo fueran llevados al templo, es que la ceremonia se llevó a cabo siguiendo la escrupulosa tradición. Es decir, los 114 perros se alinearon en el histórico templo budista Kofukuji de Isumi y se les dejó una nota describiendo cuál era su familia y orígenes. Una esquela en toda regla vamos.

Y no se trata de un caso excepcional, sino más bien la norma establecida por la compañía de reparación A-Fun, que insta a la gente a enviar sus viejos Aibo para que sean arreglados o, en caso de estado terminal, un funeral previo a su desmontaje en partes para ser reciclados.

Japón respeta la muerte de los seres queridos aunque sean robots

En un comunicado que causó el malestar de sus dueños, Sony cambió la política de mantenimiento en marzo de 2018 de los Aibo reduciéndola a solo 7 años desde su lanzamiento. Puede que los japoneses estén a la última con la tecnología y la modernidad, pero quieren a sus robots Aibo y buscan prolongar su vida al máximo, por lo que ahora acuden a A-Fun.

El respeto hacia la muerte es tal en Japón que incluso Sony es conocedor de este procedimiento y lo ve con buenos ojos. Nobuyuki Norimatsu, jefe de A-Fun, explica para Mashable:

Nos gusta devolver las almas a los dueños y convertir el robot en una máquina de la que aprovechar sus partes. Pero nunca extraemos las piezas antes del funeral.

Por si te lo estás preguntando: a diferencia de los perros de verdad, no es posible resucitar a un viejo Aibo con partes de la última generación de estos robots mascota, lanzados en enero de 2018 a un precio de 2.000 dólares.