Las placas de circuito tienen un problema que solucionar: su huella de carbono. Se espera que crezca de forma imparable
Los dispositivos electrónicos de salud están diseñados, en su mayoría, para ser desechados para evitar degradación en su funcionamiento o infecciones
Fabricar dispositivos electrónicos contamina muchísimo. Algunos de los ejemplos que mejor permiten hacerse una idea de hasta que punto impactan al medioambiente son los smartphones (entre 50-95 kilogramos de CO2 equivalente por unidad), los ordenadores portátiles (entre 200-300 kilogramos de CO2e por unidad) y los televisores modernos (más de 900 kilogramos de CO2e durante su vida útil). Y la mayor parte de la huella de carbono (60-80 %) ocurre antes de encenderlos, ya que se origina durante la producción, ensamblaje y transporte.
En el año 2022, se produjo un récord de 62 millones de toneladas de residuos electrónicos a nivel mundial, cifra que podría alcanzar los 82 millones de toneladas para el 2030. Esto se debe a que muchos de los dispositivos electrónicos de consumo que utilizamos en nuestro día a día están pensados para ser desechables. De hecho, muchas veces preferimos comprar uno nuevo a «salvarlo» por lo costosas que son algunas reparaciones. Y esto es en gran parte culpa de los fabricantes, que no los diseñan para repararlos fácilmente.
Ahora que los dispositivos electrónicos para el cuidado de la salud están en auge, se calcula que podrían generar acumulativamente más de un millón de toneladas de desechos electrónicos y 100 millones de toneladas de dióxido de carbono para 2050, según un estudio realizado por las universidades de Chicago y Cornell. Por ello, resulta urgente tomar medidas para llegar a dicha situación.
Las placas de circuito son las responsables del 70 % de la huella de carbono

Placa de circuito de cerca
El mencionado estudio asegura que la miniaturización ha contribuido enormemente a la popularización de los dispositivos electrónicos de salud. Gracias a que la electrónica se ha vuelto tan pequeña y flexible, se ha vuelto viable incorporarla en productos con la capacidad de rastrear continuamente la presión arterial, la glucosa o los latidos del corazón. Esto permite a los médicos conocer mejor el estado de los pacientes, y anticiparse a posibles problemas.
Los dispositivos electrónicos de salud también son en su mayoría desechables, ya que su uso prolongado, en muchos casos, puede suponer el riesgo de degradación del rendimiento o infección. Pero como son tan novedosos, había poca investigación sobre ellos, así que El laboratorio de Bozhi Tian, profesor de química en la Universidad de Chicago, junto con el grupo del profesor Fengqi You de la Universidad de Cornell, decidió investigar profundamente, como informaron en un comunicado de prensa.
Extrapolando las tendencias actuales, los investigadores calcularon que la demanda electrónica en todo el mundo podría ser 42 veces mayor que la actual, lo que representa alrededor de 2 mil millones de unidades anuales. Tras conocer este dato, desarrolló un marco para medir la huella ambiental de estos dispositivos, en el que se reveló que el 70 % de la huella de carbono de un dispositivo proviene de las placas de circuito.
Las placas de circuito son algo así como el «cerebro» encargado de controlar la electrónica del dispositivo. Si bien un chip necesita una pequeña cantidad de metal, el problema es que la minería requerida para la extracción de los minerales consume mucha energía y produce muchos residuos. Y el plástico, que se creía que era un gran problema, en realidad no lo es tanto. Si todo se reemplazara por versiones biodegradables, el impacto solo se reduciría en un 3 %.
Los investigadores han propuesto dos soluciones al problema. La primera, desarrollar chips que usen minerales más fáciles de obtener, como el cobre o aluminio, en lugar del oro. La segunda, diseñar dispositivos que sean modulares, lo que permitiría actualizar sus componentes más fácilmente sin tener que desecharlos.