¿Recuerdas tu adolescencia? ¿Tus primeros años de universidad? ¿El Erasmus? ¿Lo que hiciste con tu primer sueldo? La respuesta a muchas de estas preguntas suele venir rodeada de amigos y probablemente con un vaso en una mano. A veces una jarra, otras un vaso de chupito, quizás una copa de balón… sin ánimo de hacer apología de la bebida, hay que reconocer que muchos asocian el ocio con echarse una cerveza, calimocho o gin tonic con sus seres queridos.

Eran otros tiempos. Una época en la que se bebía aprovechando la promoción 2×1 del garito de turno, la oferta del supermercado, nos colaban el garrafón y además mezclábamos sin medida porque no nos importaba el mañana.

Aunque creas que los 30 son los nuevos 20, tu cuerpo no es el que era

No podemos especular con esto, sabemos que incluso beber de forma moderada también es peligroso para tu salud. Pero asumámoslo: muchas veces se nos ha ido de las manos. Contando despechados cómo nos ha dejado la novia, pasando el rato hasta que viene un amigo, tomando mojitos en un roof top o un chiringuito de playa…

Jóvenes bebiendo alcohol sin saber lo que pasará cuando cumplan 30. El Pueblo de Ceuta

En todo caso y aunque creas que los 30 son los nuevos 20 (pista: si lo piensas es porque estás más cerca de lo primero que de lo segundo) y te sientas lozano como una lechuga, las resacas que duraban hasta la hora de la comida han pasado a mejor vida. Ya no puedes beber como antes simplemente porque tu cuerpo ya no tolera el alcohol como antaño. Lo dice tu dolor de cabeza, pero lo respalda la ciencia.

Como explica El País, no es cuestión de que el alcohol cause efectos distintos a los 20 que a otras edades adultas de nuestra vida. Pero nuestra coyuntura fisiológica no es la misma, demorando esa sensación de malestar y sus devastadores efectos mucho más tiempo.

Nuestro cuerpo ya no está igual de hidratado

Llevas toda la vida viendo anuncios de cremas hidratantes que muestran cómo nuestra piel pierde humedad con el paso del tiempo, lo que repercute en que la piel sea menos tersa y las arrugas comiencen a marcarse. Pues bien, con el cuerpo sucede lo mismo. Y a menos agua, el alcohol se diluye menos. En otras palabras, que está más concentrado en nuestros fluidos.

El doctor Francisco Camarelles del grupo de Educación Sanitaria y Promoción de la Salud de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria lo explica así:

Una vez ingerido, el alcohol pasa del sistema digestivo a la sangre, y ahí se distribuye según el contenido acuoso de nuestro organismo. Cuanta menos agua tengamos, menos se diluye. Digamos que estará más concentrado y esa persona será más sensible a sus efectos. Con una cantidad pequeña que para otro podría ser tolerable, en ella podría resultar más tóxica.

Para que te hagas una idea, cuando nacemos somos un 75% de agua. Según detalla Henufood, cuando superamos el siglo de vida, podemos alcanzar un nivel de hasta el 39% en el caso de las mujeres, que se ven más afectadas que los hombres por la deshidratación. Desgraciadamente, con el paso de los años lo que sí que se acumula en mayor medida en nuestro cuerpo es la grasa, pero esa es otra historia.

Huelga decirlo pero, hidrátate. Eso sí, tampoco te pases: Beber más agua de la cuenta puede ser muy peligroso para tu salud.

Nuestro hígado tampoco es el de antes

Conforme vamos cumpliendo años, nuestro metabolismo se ralentiza (una de las causas de que tendamos a engordar cuando envejecemos) y lo mismo sucede con la función metabólica del hígado. Es decir, que una carga que nuestro joven hígado procesaba en un periodo determinado de tiempo, cuando trabaja a menor capacidad, requerirá más tiempo.

Este es el efecto de un consumo excesivo de alcohol en nuestro hígado. Pinterest

Como asegura el doctor Francisco Pascual, presidente de Socidrogalcohol (Sociedad Científica Española de Estudios sobre el Alcohol, el Alcoholismo y las otras Toxicomanías):

Si el proceso de eliminación se ralentiza, el metabolito acetaldehído que se produce y se excreta (más tóxico incluso que el etanol), se mantiene más tiempo en el organismo. Este, por cierto, es el componente que provoca el malestar de la resaca. Así que, por otra parte, cuanto más tiempo esté en el cuerpo, la resaca, por tanto, también puede ser peor.

…Ni nuestro sistema digestivo

¿Recuerdas cómo eras capaz cuando eras pequeño de meterte entre pecho y espalda un bocata de chorizo del tamaño de un fémur y luego querías un san jacobo con patatas fritas y bien de pimientos? Qué tiempos aquellos en los que no te repetía nada, no tenías reflujo y pensabas que el ardor era una región al lado de Gondor.

Conforme pasan los años, nuestro sistema digestivo se va resintiendo. De hecho, la bacteria responsable de la gastritis tarda décadas en provocar daños. Vamos, que cuando nos damos cuenta, ya es demasiado tarde.

El doctor Cristóbal de la Coba Ortíz, especialista en Aparato Digestivo y experto de la Sociedad Española de Patología Digestiva lo afirma así:

Se calcula que aproximadamente la mitad de la población tiene helicobacter pylori (la bacteria responsable de la gastritis) y, cuando el estómago se inflama por la acción de esta bacteria, el alcohol sienta peor.

Nuestro cuerpo tiene memoria

Así que sí, aunque el alcohol siga siendo el mismo, nuestro cuerpo no está igual de preparado para la fiesta. Por eso, cuando nos plantamos frente a un gin tonic fresquito o una jarra de cerveza helada quizás es momento de valorar si verdaderamente merece la pena. Y es que además hay que valorar otro hecho irrefutable: los efectos del consumo moderado a lo largo de nuestra vida se acumulan.

Según el doctor Pascual, de la Sociedad Socidrogalcohol:

Con el paso del tiempo, aunque estos hábitos de consumo moderado, pero continuado, de alcohol no sean lo suficientemente importantes para dar una dependencia al alcohol, sí que provocan daños.

No queda más remedio que asumir estos hechos y si nos gusta el alcohol tal vez sea momento de empezar a evaluar otras alternativas, como la cerveza sin alcohol o la cerveza 0,0. Quizás sea momento de tomarse la última y pedir la cuenta.