Ah, el amor. ¿Acaso hay algo capaz de agitar con más fuerza nuestros corazones? Licencias poéticas aparte y obviando los trastornos cardíacos, sí que lo hay: el espacio exterior.
Y es que si el amor puede rompernos el corazón, salir de la atmósfera durante un largo tiempo también puede deformarlo por culpa de la micro gravedad.

El espacio te destroza el corazón más que tu ex

En la Tierra, nuestros corazones yacen en la zona centro – izquierda de nuestro pecho, debajo de las costillas. Si alguna vez te has preguntado por qué este órgano tiene esa forma oblonga, en lugar de la clásica amelocotonada que hemos visto en todas partes, se debe al efecto de la fuerza de lo gravedad.

Pero en el espacio la gravedad casi no existe (obviamente, depende de la distancia a la Tierra u otros cuerpos celestes) , y el corazón puede expandirse a sus anchas. Michael Bungo, cardiólogo de la Universidad de Medicina de Texas (Estados Unidos), ha estudiado los efectos de un viaje espacial y lo explica a The Verge:

El corazón ya no se mantiene en su forma, adquiriendo un perfil mucho más esférico, más natural para este órgano.

Además, el corazón no tiene que esforzarse tanto para cumplir con su función de bombear la sangre en el espacio. Mientras que en la Tierra tiene que luchar contra la gravedad para repartir la sangre a lugares como los pies o la cabeza, sin gravedad el trabajo es menor. Como resultado, puede perder masa muscular crítica.

Dorit Donoviel, directora del Instituto de investigación de salud espacial en el Colegio de Medicina de Baylor, es más clara aún:

Si el corazón no se ejercita lo suficiente, comenzará a perder su habilidad para cumplir sus funciones en situaciones de gravedad. Así que no podrá bombear sangre adecuadamente cuando retornes a la Tierra.

Pero no es la única complicación vascular. En la Tierra es común que la sangre se acumule en las extremidades inferiores, originando puntos de más altas presiones en los pies que en las caderas. De nuevo, la gravedad en acción.

No sucede lo mismo en el espacio, donde la ausencia de gravedad modifica los fluidos corporales. Como no hay gravedad, la sangre se redistribuye por el cuerpo, por lo que el corazón se encuentra de repente con más sangre de la que está acostumbrado, así que los primeros días que vamos al espacio, el corazón se libra de esa sangre que en teoría sobra.
En conclusión, que el espacio también origina pérdida de volumen de sangre, por lo que el corazón tiene menos líquido para bombear.

El espacio es el peor amigo del corazón. The Verge

Los astronautas orinan mucho. Y no, no es un dato escatológico gratuito: es que les sobran fluidos por lo expuesto anteriormente, por lo que llegan a miccionar logrando reducir su sangre un 15%. Al igual que lo haces tú por las mañanas tras pasar 8 horas en horizontal, ellos también deben ajustar sus líquidos. Así que cuando un astronauta viaja al espacio es fundamental para su salud que ejercite todos y cada uno de sus músculos.

La mayoría de estas modificaciones son temporales

Tras sufrir estas modificaciones, el cuerpo del astronauta ya se ha preparado para su vida en espacio. Pero, ¿qué pasa cuando tiene que retornar a la Tierra? Al volver a su familiar gravedad, la poca sangre que tienen, se irá a parar a los pies, dejando las zonas superiores con bajo riego sanguíneo y orquestado por un corazón debilitado. Y se desmayan. Por eso es tan importante que cuando un astronauta viaja al espacio que ejercite todos y cada uno de sus músculos.

Los astronautas cuidan de sus músculos con ejercicios específicos diarios durante su periplo espacial, pero también estarán provistos de fluidos para hidratarse en el camino de vuelta. Y además, la mayoría de estos cambios son temporales, lo que significa que su sistema cardiovascular normalmente vuelve a la normalidad en la Tierra.

No podemos decir lo mismo de otras alteraciones corporales que tienen lugar en nuestro cuerpo a causa de los viajes espaciales, o sino, solo tienes que ver el curioso caso de los gemelos de la NASA.

Teniendo en cuenta que nos encontramos en aras de una nueva carrera espacial que puede terminar con la comercialización de vuelos espaciales para todos los públicos, estos riesgos habrán de tenerse en cuenta más que nunca.