Tú y yo lo sabemos: Nueva York es la ciudad de las luces, la que nunca duerme, en la que puedes ir ataviada con unos Manolo Blahnik y un vaso de Starbucks mientras piensas en salir a correr por Central Park… Una auténtica maravilla de la que hemos oído hablar durante toda la vida en decenas de películas, series y canciones, y que al menos habremos de visitar una vez en la vida.

Pero ¡ay!, amiga, qué duro es viajar hasta allí. Si vives en México o Argentina, el asunto será algo más sencilla. Sin embargo, si estás en Europa, en muchos casos te tocará hacer escala para luego soportar una odisea para tu paciencia.

Qué horribles son los vuelos transoceánicos. Da igual que sea Nueva York, Japón o China. No hay milagro que te quite tu medio día de vuelo en el que se te entumecerán las piernas y llegarás allí con el pelo horrible, dolor de espalda y preguntándote si de verdad merece la pena. Y sí, lo hará. Pero como todo lo que tiene que ver con la tecnología últimamente, Elon Musk tiene la respuesta.

Foto tomada por el SpaceX desde el espacio. Mirror

El gurú tecnológico más notable de este siglo, cabeza pensante detrás de los éxitos de PayPal o más recientemente Tesla Motors, tiene en SpaceX su próxima next best thing. Hasta ahora, hemos conocido el traje espacial y el curioso nombre de su cohete, pero no podemos dejar escapar el leitmotiv del proyecto: revolucionar la forma en la que viajamos.

¿De Qatar a Nueva Zelanda en 45 minutos? ¡Pura magia!

En el caso de Tesla, con desplazamiento de forma mucho más sostenible y eficiente a través de los vehículos eléctricos. Con SpaceX, dejando atrás trenes, barcos o aviones en favor de los cohetes en el transporte terrestre. Y es que SpaceX no solo está centrado en los viajes a Marte (como punto de partida en viajes interplanetarios).

De momento, todo lo relativo que vamos conociendo de SpaceX viene con cuentagotas. Como cuenta Mashable, el viernes pasado Elon Musk reveló lo ambicioso de su plan a la hora de alcanzar Marte, pero también dejó ver algo que podría sernos muy útil a medio y largo plazo: sus planes para el BFR. Y es que, aunque la Luna y Marte copen todas las portadas, imagínate qué maravilloso sería usarlo para viajes por el mundo.

Por ejemplo, un viaje de Hong Kong hasta Singapur costaría 22 minutos, una nimiedad comparada con las 4 horas que de las que se vale actualmente un avión comercial. ¿Otro ejemplo? De Bangkok a Dubai en 27 minutos por las 6,5 horas del avión. Londres – Ciudad del Cabo en 34 minutos frente a las casi 12 horas del vuelo a día de hoy.

Incluso, el vuelo más largo que existe: de Doha a Auckland, que en avión tarda 16,5 horas, pero que en SpaceX son 45 minutos. Cuanto más lejos viajes, más tiempo ahorrarías con el SpaceX.

Así de claro se lo plantea Musk:

Si estamos pensando en construir esta cosa para ir a Marte y a la Luna, ¿por qué no a otros lugares de la Tierra también?

El sudafricano no es la primera persona a la que se le ocurre esta idea, pero tenemos la impresión que sí que será la que llegue más lejos en este asunto. Y además, de forma literal. Sin ir más lejos, la aerolínea Virgin Galactic lleva planificando esto durante años.

Por supuesto, hay un par de consideraciones que deberán ser tomadas en cuenta antes de materializar los vuelos terrestres con el SpaceX: el primero de ellos es el impacto ambiental que genera un cohete de estas características.

Y es que, por si los aviones no fueran suficientemente contaminantes por sí solos, con los cohetes la huella de carbono adquiriría otra dimensión, lo que los haría muy inviables desde un punto de vista ecológico.

Precisamente este empleo lúdico (pero útil), chocaría frontalmente con la razón de ser de los coches eléctricos por los que Musk está apostando fuertemente y con la legislación, cada vez más estricta en este sentido. Y con toda lógica, el cambio climático se deja notar progresivamente con mayor intensidad.

Emisión de kg de CO2 por medio de transporte. Energías Renovables

Asimismo, tampoco podemos olvidarnos de la economía de escala, aquella que reduce los costes en función del grado de inmersión social de un medio. Los vuelos en el SpaceX a día de hoy estarían fuera del alcance de cualquiera.

Sobre todo teniendo en cuenta que los vuelos en aviones comerciales sin piloto están a la vuelta de la esquina. Es decir, que los viajes aéreos adquirían un escenario diametralmente opuesto: vuelos ultrarrápidos y caros en el SpaceX o vuelos asequibles por todo el planeta con un avión tradicional.

El tiempo nos lo dirá. Desde luego, el futuro se presenta alentador.