En la fantasía siempre habíamos imaginado planetas de todos los colores, pero la existencia de ciertos de ellos aún no ha sido confirmado en la realidad. No obstante, ya podemos confirmar que sí que existen los planetas rosas: la NASA ha encontrado uno. El planeta está situado a 57 años luz de la Tierra, por lo que no tenemos fotografías reales, pero la NASA ha sido capaz de captar su color mediante un telescopio espacial infrarrojo Subaru situado en Hawaii, lo que ocurrió entre los años 2011 y 2013.

El color exacto es definido por la NASA como un magenta opaco que nos recuerda a una flor de cereza oscura. Este planeta, conocido como GJ 504b, es cuatro veces la masa de Júpiter –el planeta más grande del sistema solar– con un tamaño muy similar al de este, y gira en torno a una estrella 54 Virginis –también conocida como GJ 504–, situada en la constelación Virgo. Casualmente el Sol sobre el que gira es similar al nuestro pero es algo más caliente y orbita a una distancia 9 veces mayor a la que orbita Júpiter sobre nuestra estrella, lo que supone un gran desafío para los astrónomos que tratan de investigar como se forman los planetas gaseosos.

Este planeta gaseoso rosa gira alrededor de una estrella de 160 millones de años ligeramente más brillante que la Tierra

De hecho, se cree que el proceso de formación de estos planetas gaseosos como Júpiter es mediante una semilla provocada por colisiones de asteroides alrededor de una estrella joven que, cuando alcanza un tamaño adecuado, comienza a atraer gases.

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Un planeta gaseoso gigantesco y rosa: así es GJ 504b

Pero si calcular la masa y tamaño de un exoplaneta es algo difícil, calcular su color lo es aún más: «Las imágenes proporcionan información sobre la luminosidad, la temperatura, la atmósfera y la órbita del planeta, pero debido a que los planetas son tan débiles y están tan cerca de sus estrellas anfitrionas, es como intentar tomar una fotografía de una luciérnaga cerca de un reflector». Además, y dado que el telescopio desde donde fueron tomadas las imágenes está dentro de la Tierra, debemos tener en cuenta otros errores provocados por la atmósfera terrestre, por ejemplo, entre otros muchos.

Si bien se ha captado imágenes reales de GJ 504b, no son como esperamos, por lo que la NASA ha creado una simulación de cómo sería este planeta si pudiéramos viajar hasta él

Mientras que el Sol está ya en la mitad de su vida productiva, esta estrella aún tiene 160 millones de años, alrededor de un tercio de su vida estimada, por lo que aún es joven. Y esto es muy interesante porque, cuanto más joven es la estrella, más brillantes son los planetas. «Estudiar estos sistemas [jóvenes] es un poco como ver nuestro propio sistema planetario en su juventud […] Los sistemas de estrellas jóvenes son los objetivos más atractivos para la obtención de imágenes directas de exoplanetas porque sus planetas no han existido el tiempo suficiente para perder gran parte del calor de su formación, lo que mejora su brillo infrarrojo»

El exoplaneta está a una temperatura de 237 grados centígrados y tarda en torno a 260 años en dar una sola vuelta a su estrella. De hecho, es este mismo calor lo que genera este color tan especial.

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Pero este descubrimiento no es solo impresionante desde el punto de vista científico, sino que el estudio de estos planetas gaseosos es muy importante para entender cómo funciona nuestro propio sistema solar y, sobre todo, para conocer cómo va a envejecer. Sabemos que Júpiter, por ejemplo, nos protege de un hipotético bombardeo constante de asteroides que ocurriría si el planeta gaseoso no estuviera ahí, manteniendo a raya los cuerpos que giran en torno al Sol alrededor del cinturón de Kuiper.

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