Una de las grandes incógnitas de los futuros viajes a Marte es cómo proteger a los astronautas de la radiación cósmica. Estos supuestos viajes son muy largos y la radiación a la que se enfrentarán los astronautas es muy alta, siendo potencialmente peligrosa con el paso del tiempo. En la Tierra tenemos la atmósfera y el campo magnético, que nos protege de la radiación, pero ¿qué pasa cuando estamos en el espacio? Muchos problemas técnicos como este deben ser solucionados antes siquiera de plantearnos un viaje tan difícil como este. Y no solo para un eventual viaje, sino también para colonizar el planeta rojo.

Una de las posibles soluciones ha sido hallada por investigadores de la Universidad de Stanford y de la Universidad de California Norte: un hongo descubierto en 1991 que solo crece en ciertas zonas de Chernóbil podría ser la solución. Este tipo de hongo, cladosporium sphaerospermum, se alimenta de radiación gamma, convirtiendo esta en energía química para su propio uso. No solo se encontró que era capaz de crecer en zonas radiactivas, sino también prosperar.

Un hongo podría ser la solución para proteger a los astronautas que vivan en una base en la Luna o Marte

Y para probar esta teoría, los investigadores enviaron, junto con la NASA, enviaron muestras de este hongo a la Estación Espacial Internacional; en el satélite artificial la radiación es mucho mayor que en la superficie de la Tierra, puesto que la intensidad del campo magnético y la atmósfera es menor. Y lo que descubrieron confirmó esta posibilidad: el hongo redujo un 1,82 a un 5,04% la radiación que pasó a través de este. Por supuesto, esto no es necesario para solucionar el problema, pero sí que nos muestra que podríamos llegar a hacerlo.

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Un hongo radiactivo capaz de reducir la radiación y proteger a los astronautas

Se calcula, en concreto, que una capa de 21 centímetros de grosor formada con este hongo sería suficiente para proteger a los astronautas. Esto es posible gracias a la gran cantidad de melanina que contiene este hongo. Este pigmento está presente en muchos cuerpos vivos y es capaz de protegerlos de la radiación. Del mismo modo que una planta convierte CO2 y clorofila en oxígeno y glucosa mediante la fotosíntesis, este hongo usa la radiación para generar energía química, absorbiendo una parte de esta; este proceso es conocido como radiosíntesis.

Evolución del hongo de Chernóbil a lo largo de 30 días en la Estación Espacial Internacional

El experimento realizado es muy sencillo: se enviaron placas de petri con la mitad cubierta por hongos y la otra mitad sin hongos, como control. Se midió y monitoreó la radiación que pasó por cada lado de la placa de petri durante 30 días, midiendo la radiación cada minuto y 50 segundos, y se llegó a esta conclusión.

El hongo radiactivo podría ser usado en cualquier situación

Pero este hongo tiene más ventajas: solamente una pequeña cantidad necesita ser enviada con los astronautas, pues esta crecería en el camino. Además, ante una eventual llamada solar que destroce la capa de hongo radiactiva, esta se volvería a regenerar pasados unos días. Debemos tener en cuenta que ante una eventual colonización de Marte debemos ahorrar el mayor espacio y peso posible, por lo que un protector de radiación como este es ideal, puesto que no tiene que ser transportado en grandes cantidades.

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Pero esto no solo permitiría solucionar el problema de una supuesta base en Marte y la Luna, sino que también ayudaría en muchos otros aspectos: protegería a la tripulación de aviones –si, incluso volando en avión recibimos niveles de radiación mayor a los habituales–, que también sufre radiación de forma constante, así como pacientes que estén siendo tratados con terapias de radiación, o técnicos de plantas nucleares que están expuestos a ciertos niveles de esta; y, por supuesto, a los mismos astronautas que viven en la ISS a día de hoy. Del mismo modo, también podría ser usado como fuente de energía limpia: este hongo podría ayudarnos a producir energía mediante la radiación, algo así como un panel solar.

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