Durante el verano el ataque WannaCry dejó nuestros ordenadores Windows y a grandes multinacionales temblando. Este virus malicioso de tipo ransomware infectó millones de equipos de manera fulgurante.

No fue el primero, de hecho a lo largo de la historia hemos conocido otros tan terroríficos como WannaCry, pero si que su ataque pareció algo sospechosamente orquestado por su particular modus operandi.

Aunque rápidamente se desarrollaron herramientas para bloquearlo, los servicios de inteligencia estadounidenses se pusieron tras la pista y hoy han señalado al culpable: la Corea del Norte de Kim Jong-un, como explica el Wall Street Journal.

Desde el primer momento el punto de mira de todas las sospechas estaban en Pyongyang, pero es ahora cuando tras una larga investigación Thomas P. Bossert ha hecho la acusación en firme, por el que este martes pedirá sanciones a la ONU como consecuencia por todo el daño causado.

El asesor de seguridad de la Administración estadounidense explica que esta es una acusación formal basada en pruebas y que no están solos: países como el Reino Unido y corporaciones de la talla de Microsoft han colaborado y todos tienen claro que hay hechos que señalan directamente al gobierno norcoreano.

Bossert ha sido tajante acusando al régimen de Kim Jong-un:

El ataque tuvo lugar a nivel internacional y costó millones de dólares. Corea del Norte es directamente responsable.

Ataque WannaCry, uno de los más dañinos que se recuerdan

El ciberataque se expandió de forma rápida e indiscriminada por todo el planeta a partir del mes de mayo encriptando millones de ordenadores en hospitales, colegios, empresas y por supuesto hogares.

Más de 300.000 ordenadores distribuidos por 150 países del mundo sufrieron su amenaza. Las víctimas recibían demandas para recuperar sus equipos pero ni aún acatándolas y pagando, pudieron recuperarlos.

Las consecuencias de WannaCry no se hicieron esperar: además del colapso y descontrol, costó millones de dólares pero además golpeó con fuera en el sector sanitario, comprometiendo sistemas que realizan trabajos críticos, poniendo las vidas de pacientes en riesgo.

El pasado mes de junio, The Washington Post filtró un informe secreto de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) que el virus WannaCry habría sido causado por un grupo de hackers llamado Lazarus con Corea del Norte moviendo los hilos.

A pesar de la magnitud del ataque, apenas lograron 140.000 dólares en Bitcoin, pero su uso quedaba supeditado a que fueran descubiertos.

¿Cómo sancionará la ONU a Corea del Norte? CNN

¿Qué va a pasar ahora?

La acusación formal de las autoridades estadounidenses llega en un momento muy crítico de relaciones diplomáticas con el país asiático, que sigue desafiando a la comunidad internacional con sus experimentos con armamento nuclear apuntando deliberadamente a las potencias occidentales.

Los ciberataques se han convertido en una nueva forma de hostilidad en el siglo XXI y de hecho no es el primero que orquesta el régimen de Kim Jon Un, que según el FBI en 2014 habría borrado información crítica de la multinacional Sony Pictures Entertainment que posteriormente publicó en internet. ¿Por qué precisamente Sony? Muy sencillo: iban a distribuir La entrevista, una película sobre el dictador norcoreano.

Los ciberataques, las guerrillas del siglo XXI

Pero no es el único país en hacerlo: hace menos de un mes el FBI acusó a un hacker iraní responsable del ciberataque a HBO en mayo, liberando hasta 1,5 terabytes de datos que incluían episodios de Juego de Tronos y otras series de la popular cadena norteamericana. Sin embargo, la trama se vuelve más turbia cuando se reveló que entre el currículum de atacante se encontraba el haber colaborado con los servicios de inteligencia de Irán, ¿casualidad o un nuevo conflicto a la vista?

En esta particular guerra fría en la época de la tecnología de la información e internet las víctimas colaterales son los millones de usuarios de todo el mundo, que además de sufrir de forma directa las consecuencias de los ciberataques, tendrán que lidiar con nuevas políticas que buscan regular la inmensidad de internet.

Sin ir más lejos, la administración de Trump ya ha asegurado que pretende modernizarse para lanzarse de cabeza a internet y hacer de él un lugar más seguro (sic). Los efectos no se han hecho esperar y la derogación de la neutralidad en internet en Estados Unidos y su más que posible expansión a otros países es su consecuencia más flagrante.

En un mundo cada vez más conectado con tecnologías, dispositivos, redes y sistemas que nos hacen la vida más cómoda, se abre la puerta a nuevas formas de crear el terror bajo el anonimato de la inmensidad de internet, algo que cada vez se irá reduciendo más con legislación más restrictiva y limitante.