Tal y como recoge el medio Associated Press, Arabia Saudí prohíbe de facto 47 videojuegos (entre los que se incluyen Grand Theft Auto V, Assasin’s Creed 2 y The Witcher) tras el suicido de una niña de 13 años y un niño de 12. Así lo ha decidido la Comisión General Saudí de Medios Audiovisuales, que ha considerado pertinente retirar estos videojuegos de circulación por violar leyes y regulaciones del país, aunque no se han explicitado exactamente cuáles.

Un "juego" macabro, dos suicidios y 47 juegos prohibidos

Las muertes de los niños ocurrieron luego de finalizar ambos con el "reto de la Ballena Azul", una serie de 50 pruebas que pasan por ver películas de terror de noche, o infligirse autolesiones y que termina con la última tarea: cometer suicidio. En este macabro "juego" se aceptan una serie de normas que estipulan realizar cada una de las tareas grabándose en vídeo, y de no hacerlo, los participantes son sometidos a acoso y presiones por parte del "jefe de la partida" que vela por su cumplimiento.

Estas 50 pruebas fueron ideadas por un ruso de 21 años de edad, Philipp Budeikin, que incitó a 18 jóvenes de su misma nacionalidad a completar las tareas aduciendo como finalidad la “limpieza social”, según sus palabras: “distinguir a las personas normales de la basura biológica”. Sin embargo, la conexión de este juego con los 47 videojuegos que se han prohibido en el país no está nada clara, por lo que cuesta entender la decisión de las autoridades competentes.

¿Quizás los saltos al vacío hayan llevado a prohibir Assassin’s Creed 2? GGlitch

Los videojuegos como el "Eje del Mal"

Ya habrás leído varias veces que los videojuegos causan adicción, dicho ahora respaldado por la OMS, que jugar demasiado a cierta clase de títulos puede poner en peligro nuestra salud mental y económica, o que los videojuegos incitan a la violencia o son responsables del fracaso escolar. Pero seguro que nadie se ha molestado en explicarte que el problema no es jugar en la consola o en el PC, sino cómo, cuánto y de qué forma lo hacemos.

Es muy necesario educar diferenciando lo "real" de lo imaginario

Es decir, si tú nunca has pegado ni a una mosca, eres una persona que sabe relacionarse perfectamente con los demás y tienes una educación basada en el respeto, es prácticamente imposible que los videojuegos logren cambiarte. Otra cosa ocurre cuando aquellas personas más susceptibles de encapsularse en sí mismas, debido a episodios depresivos o de cualquier otro tipo, toman la vía del juego como un escape a la realidad.

¿Será que no educamos para saber diferenciar un juego de fantasía de la realidad? Moby Games

Lo que era un medio de diversión, ahora se convierte en una fuente más de "dependencia" para encontrarse bien, o mejor dicho, para maquillar una realidad incómoda y olvidarse de los problemas. Con esto no estoy echando las culpas a las depresiones en sí, sino a nuestra poca capacidad como seres humanos y como sociedad para saber lo que nos conviene o lo que no nos conviene en determinados momentos. De nada sirve culpar a un videojuego de mi ruina económica si no pongo medios (o no me ponen medios) para evitar que esto suceda.

Prohibir no es la solución, educar sí

Pero volviendo al caso que nos ocupa, prohibir 47 videojuegos por un caso de suicido de dos menores es, cuando menos, muy preocupante. Con noticias de este tipo seguimos insistiendo que los diferentes títulos de la industria son un "Eje del Mal" conspiranóico creado para terminar con nuestra capacidad de raciocinio.

Evitar que los niños pasen demasiado tiempo solos o sin supervisión es fundamental. Porttada

En este caso, la prohibición podría estar más justificada al encontrarnos con menores de por medio, ya que a ciertas edades todos somos más susceptibles de querer emular lo que vemos, tanto en la realidad como en la ficción, sobre todo si no nos han educado para ser capaces de poner fronteras entre lo real y lo imaginario. Pero en esta desgracia nos estamos olvidando de una cosa fundamental: existe un macabro reto vía redes sociales de por medio que presiona a sus participantes.

Entonces, lo importante de esta cuestión es la necesidad de saber educar a cualquier ser humano para que aprenda a cuestionar si lo que oye, ve, lee o escucha tiene sentido o es válido. Que dos niños terminen suicidándose por iniciar el "reto de la Ballena Azul" me hace preguntarme sólo dos cosas: ¿pensaban que hacer eso estaba bien? ¿Por qué no contaron nada a sus padres?

Comprender esta situación en Arabia Saudí es harto complicado

La respuesta es sencilla: mucha presión social por parte de esas "manos negras" que manejan los hilos de tan daniño "juego". Ya han sido numerosos los participantes que comenzaron este reto "por curiosidad" y al ver que las pruebas finales conllevaban actos más serios, decidieron parar, no sin antes comenzar a recibir una serie de amenazas para que finalizaran la partida. ¿No sería mejor disuadir a los jóvenes de practicar este reto o de limitar su exposición en las redes sociales que prohibir 47 videojuegos?

Preocuparse por el día a día de nuestros hijos es vital para evitar situaciones de acoso. Bekia Padres

Una decisión "extraña", ¿pero necesaria?

Quizás nunca lleguemos a comprender por qué Arabia Saudí ha prohibido 47 juegos concretos, aunque me atrevo a adelantar que, probablemente, alguno de ellos tenga un contenido similar al de las pruebas que aparecen el el "reto de la Ballena Azul", por lo de que esta forma se evitaría que los niños presenciaran contenidos no apropiados para su edad. O quizás las autoridades competentes consideran que los "juegos", digitales o reales, suponen un peligro potencial para los jóvenes de su país, y los haya retirado, obrando en consecuencia.

Eduquemos para que algo así no vuelva a suceder nunca

La realidad es clara: necesitamos un poco más de sentido común en nuestra sociedad, un poco más de calma, un poco más de sosiego, y sobre todo, una buena ración de capacidad autocrítica y analítica. Este mundo no es justo, ni perfecto, ni bueno, por lo que es nuestro deber, y el de los gobiernos, el educar a generaciones venideras para que un caso como este nunca vuelva a suceder, sea en el país que sea.