Echando un rápido vistazo a la tecnología que incorpora el coche eléctrico actual, uno puede pararse a pensar cómo los fabricantes han tratado de limar cualquier detalle para incrementar la autonomía que ofrece. Las motorizaciones alternativas todavía no consiguen posicionarse a la par de las de combustión interna, por lo que la eficiencia debe buscarse a través de otros canales.

El peso, la resistencia a la rodadura o la inclusión de carrocerías con coeficientes aerodinámicos realmente bajos son algunas de las claves para entender cómo ha crecido el kilometraje que se puede realizar por cada ciclo de carga. La densidad de las baterías, pese a estar en continuo desarrollo, sigue sin ofrecer datos que podamos poner esta tecnología al mismo nivel que las opciones diésel o gasolina.

El Golf 3 CityStromer es uno de los artífices de la frenada regenerativa

Ahora bien, volviendo a razonar brevemente en términos del coche eléctrico, ¿qué es lo que le permite incrementar su autonomía unos kilómetros extra? Para buscar la solución más destacada, sin duda, hay que hacer referencia a la frenada regenerativa. ¿Sabías que el Golf 3 CityStromer fue el precursor de esta tecnología?

Veamos cómo una opción diferente respecto a la opción que se comercializó a espuertas sirvió para introducir una solución que prácticamente la totalidad de coches híbridos y eléctricos incluye hoy. ¿Creías que el Toyota Prius híbrido de primera generación había sido el artífice de esta interesante innovación? Unos pocos años antes se adelantó Volkswagen.

Una innovación que anticiparía la movilidad alternativa

Los años noventa fue una etapa en la que la automoción vivió uno de los momentos más disruptivos. Los primeros amagos eléctricos ya se habían producido de la mano de alternativas como el Golf Elektro o el General Motors EV1. Sin embargo, el poder de las petroleras y las carencias del mercado eléctrico, no contribuyeron a su éxito.

El Volkswagen Golf CityStromer fue todo un adelanto a su tiempo en cuanto a la movilidad alternativa.

Ahora bien, tras el escaparate de los modelos de combustión interna, los fabricantes no renunciaron al desarrollo de programas para incentivar la producción de coches eléctricos. El mejor ejemplo de ello fue la innovación más llamativa introducida en el Golf de tercera generación.

Bajo la denominación CityStromer, en una clara alusión a la visión urbana del compacto eléctrico, Volkswagen logró aumentar la autonomía de su propuesta gracias a la inclusión de la frenada regenerativa. Producido entre 1994 y 1996, las 120 unidades que salieron de la cadena de montaje incluyeron una solución que permitía una serie de ventajas prácticas.

Por un lado, se conseguía cargar las baterías del coche eléctrico gracias al aprovechamiento de la energía cinética. De esta forma, se podía extender unos kilómetros más allá la autonomía que ofrecía un modelo que, teóricamente, contaba con la posibilidad de rodar hasta unos 90 kilómetros con cada ciclo de carga. Eso sí, para ello se debía circular a 50 km/h según las cifras oficiales.

La frenada regenerativa contribuye a un menor desgaste del equipo de frenada

Por el otro, se evitaba un desgaste excesivo de las pinzas de freno, por lo que su sustitución se prolongaba varios miles de kilómetros respecto de las alternativas de combustión interna.

El Volkswagen Golf 3 CityStromer contaba con un motor que ofrecía una potencia eléctrica de unos 20 kW, lo que le permitía alcanzar los 100 km/h de velocidad máxima, autolimitada para evitar un desgaste precoz de la capacidad de las baterías de ion litio. En relación al peso, llama la atención cómo el conjunto le hizo situarse en torno a la tonelada y media, un registro llamativo para el segmento y la época.

Un auge de la movilidad que acabó con cualquier esperanza

No era la primera vez que Volkswagen se planteaba la introducción de modelos eléctricos en su gama. No obstante, el crecimiento del segmento de automóviles con motorizaciones de combustión interna, los servicios postventa más atractivos para los fabricantes y la expansión de la economía promovieron la apuesta por el sector tradicional.

Volkswagen experimentó en varias generaciones del Golf la tecnología eléctrica.

Ahora, la situación ha cambiado. Las más que posible introducción de restricciones a la circulación para las mecánicas más contaminantes al centro de las ciudades ha cambiado la dinámica del mercado. De igual modo, la aparición de propuestas eléctricas no ha hecho más que incentivar la inversión en materia eléctrica.

En la actualidad, no podemos asimilar una opción eléctrica sin frenada regenerativa. Es más, nuevas innovaciones han irrumpido en la automoción para reducir consumos y mejorar, en definitiva, la eficiencia. El sistema Start&Stop o la conducción a vela son algunos ejemplos que siguen esta dinámica.

El Golf 3 CityStromer contribuyó al desarrollo de la tecnología eléctrica en la movilidad

En tiempos del Golf 3 CityStromer, la movilidad eléctrica no cuajó. ¿Estamos ahora en una situación diferente? Sin lugar a dudas, ya son varias las compañías, entre ellas la propia Volkswagen, las que han trazado las líneas de una futura transformación del parque automovilístico.

La próxima década se estrenará con la llegada de la línea I.D del fabricante alemán, una estrategia enmarcada dentro de un plan con un horizonte fijado en 2025. Para entonces, se especula que la mayoría de los automóviles que se comercialicen contará con una mecánica alternativa, ya sea híbrida convencional, híbrida enchufable o puramente eléctrica.