Pocos títulos han tratado la frontera de la inteligencia artificial y las emociones humanas con tanta intensidad como el libro de Philip K. Dick, las dos películas de Blade Runner y, ahora, el videojuego que nos ocupa, Detroit: Become Human desarrollado por Quantic Dream (padres del fundacional Heavy Rain). Este título exclusivo para la PS4 pretende sumergirte en una intensa historia que busca vivificar el drama de la "otredad" en la sociedad.

Las emociones intensas son la base de un título realmente ambicioso

Detroit: Become Human es uno de esos juegos que intentan hacer sentir incómodo al jugador en un viaje a su propia psique mientras maneja el mando de su consola predilecta. Este momento introspectivo no quiere ser un simple artificio técnico, sino una forma de que entendamos y experimentemos lo que significa ser rechazado por una sociedad a la que sólo puedes servir. Pero, ¿habrá conseguido Quantic Dream plasmar esta idea en su título y hacerla creíble?

Un cerebro aventajado…

Nadie puede discutir la enorme ambición de David Cage, responsable último de Quantic Dream, al desarrollar títulos que pretenden ser algo más que videojuegos, tratando de hacer pensar al consumidor e incluso de invitarle a revisar su propia conciencia o sus creencias sociales. Detroit: Become Human sigue en esta misma línea que ha hecho mundialmente famoso al estudio francés, e intenta, abiertamente, hablar sobre temas incómodamente controvertidos que está de rabiosa actualidad.

Una cosa es segura, los desarrolladores no han escatimado recursos o tecnología para crear un título gráficamente estelar, pero esta canción en pro de los más desfavorecidos parece un tanto más artificiosa que bien armada y construida.

Un Detroit del futuro será el escenario en el que se desarrollará la acción de Detroit: Become Human. Trusted Reviews

La premisa de personificar a tres androides diferentes que buscan revolucionar su propia vida y valer para algo más que para ser sirvientes de los seres humanos que pueblan los increíbles escenarios del Detroit de 2036 es un acierto, pero la puesta en escena de la misma no lo es tanto. Las temáticas representadas en cada una de las historias que vivirás (con Kara, Markus y Connor como protagonistas) son demasiado estereotípicas como para ser realmente creíbles.

Esto hace que en muchas ocasiones, más de las que debiera, Detroit: Become Human se vuelva predecible y deje poco a la imaginación, lo que es una pena, teniendo en consideración su potencial para crear algo diferente y sublime. Sin embargo, a pesar de estos pecados cometidos, el título es plenamente disfrutable, sobre todo cuando tomamos las riendas de las historias de Markus y Connor.

Markus y Connor son dos caracteres más complejos y su narrativa es más completa y un tanto menos predecible que la de Kara. Quizás esto se deba a que el desarrollo de las escenas de los dos personajes masculinos caen en menos lugares comunes que la del personaje femenino (víctima de violencia doméstica).

La historia de Connor es, quizás, la mejor conseguida e impactante de todas

Así, Markus es un androide bohemio que cree en el potencial creativo de los androides para crear una realidad superior al de los humanos; y Connor es un modelo androide avanzado que sirve para ayudar a las fuerzas de la ley a tratar con las cuestiones más sensibles.

Si hay que destacar un punto de Detroit: Become Human es la brillantez en el despliegue de medios narrativos y visuales para dar forma y consistencia al capítulo que vivirás con Connor. En él tendrás que recrear las posibles realidades "paralelas" de un crimen que ha terminado con una niña como rehén a manos de otro androide, midiendo tu probabilidad de éxito o fracaso según las decisiones que tomes, todo ello en puro "tiempo real".

Esta mecánica es un tanto difícil de explicar con palabras, pero el resultado en pantalla es, sinceramente, sublime.

El juego de Quantic Dream desprende más luz propia cuando sigue su propio camino y no intenta homenajear a la grandiosa Blade Runner de una forma un tanto simplista. Pienso que es necesario destacar la originalidad y complejidad de algunas partes del juego, pero también considero igual de importante recalcar que Detroit: Become Human no alcanza a impactar emocionalmente por su desconexión de los hechos que narra, ya que en numerosas ocasiones, se pasa de puntillas o no se exploran aspectos o personajes que podrían ser relevantes.

Cada decisión cuenta, así que elige bien "tus batallas"

Los desarrolladores han tratado de crear un videojuego en el que cada acción y decisión a la que te enfrentas tenga peso en la historia, observando una serie de consecuencias (buenas y malas) dependiendo de lo que tengas a bien hacer.

Como ocurre en otros títulos de la saga, Detroit: Become Human quiere exprimir la posibilidad de crear una cuarta pared (o romperla) haciendo que interactúes con los elementos de tu entorno, modificándolos o analizándolos, arrastrándote a que te identifiques vivamente con el personaje que manejas.

…a media voz

Sin embargo, como jugador la desconexión con la historia es demasiado evidente en muchos momentos sustanciales argumentalmente, generando que lo que se cuenta no tenga un impacto tan estremecedor como se pretende.

Quizás Quantic Dream hubiera hecho bien en despojarse de la alargada sombra de las cintas de Ridley Scott y Denis Villeneuve, para dejar que su propia voz como estudio aventajado que es, se apropiara de sus personajes, transformando esa sensación de dejà vu en una de saberse partícipe de que algo grande está por llegar.

La alargada sombra de Blade Runner pesa demasiado en Detroit: Become Human

Evidentemente, con un juego que usa la distopía futurista como base para crear un argumento, es difícil no dejarse emborrachar por los grandes referentes anteriores, aunque sí hubiera sido posible limitar su influencia al escenario de los hechos.

Contrariamente, Detroit: Become Human no crea hastío ni aburrimiento posible, de hecho es un título muy entretenido y visualmente espectacular, pero el que no llegue a ser un bombazo de emociones como sí lo fuera Heavy Rain, amarga en el paladar más de lo que quisiera reconocer.