Después del drama de la loot boxes en el mismísimo Parlamento Británico y las desavenencias de los gamers con Electronic Arts y su Star Wars: Battlefront II, la industria del videojuego, lejos de replantearse esta abusiva estrategia de mercado, continúa ofreciendo contenidos "extra" un tanto tramposos a precio de oro.

Pagar y re-pagar para jugar, ¿ya está bien no?

Tomemos como ejemplo los famosos y populares juegos Freemium, en los que terminamos por pagar para jugar o para ganar. Esto va contra los principios de cualquier sesión de juego civilizada, en la que la habilidad debería estar por encima del dinero que uno puede pagar.

Imagínate que juegos como Cuphead o Dark Souls dependieran de un sistema paga/juega/gana para finalizar el juego, seguro que terminaríamos por arruinarnos. Esto se puede extender a pagos por DLCs, Season Pass o Early Access que lo único que hacen es dividir y monetizar los videojuegos: ¡dadnos un juego, pero dádnoslo entero!

Un abuso con mil caras, formas y colores

Evidentemente, no todos los casos son iguales y no se puede juzgar a todas las compañías por el mismo rasero. Títulos como The Witcher 3: Wild Hunt o Fallout 4 han optado por ofertar contenido adicional, bastante sustancial, sólo para ofrecer más campañas para dos juegos que ya de por sí duran más de 60 horas si queremos completar más que la historia principal.

Los DLCs son, a nuestro entender, la forma más "sana" de sacar más rendimiento de un título. Aunque, como algunos apuntarán, también podría ofrecérsenos el juego entero por un precio superior, evitando una nueva compra a mayores. Vamos, como se hacía antaño. Eso sí, algunos DLCs son puramente decorativos, ofreciendo skins, armaduras o trajes alternativos sin aportar mucho beneficio al jugador. En estos casos, ¿por qué sería necesario pagar?

Títulos como Star Wars: Battlefront II, lejos de ofrecer más contenido en forma de DLC, exigía al jugador pagar por acceder a funciones no tan exclusivas mediante las loot boxes (o "cajas de botín"), y que casi eran fundamentales si uno deseaba jugar al juego. Finalmente, Electronic Arts (no sin refunfuñar), tuvo que dar su brazo a torcer y replantear este sistema de pagos que los usuarios calificaban de "injusto".

Quizás, lo que más moleste a la comunidad gamer de las loot boxes es su alto componente aleatorio, por lo que después de gastarte un buen dinero, podrías no conseguir necesariamente lo que estás buscando. Así pues, y según Europa Press, gobiernos como el de Bélgica buscarán prohibir esta práctica clasificada ya como un juego de azar más, ya que el comprador no sabe lo que va a recibir después de hacer su compra.

Si quieres pagar, paga, pero sé consciente de lo que estás comprando

Otros juegos apuestan por los micropagos, algo muy similar a las loot boxes pero sin depender del azar. En estos casos el comprador siempre sabe por lo que está pagando, o es conocedor de la "recompensa" que recibirá luego de gastarse unos euros. Estas "recompensas" que vienen en forma de gemas, monedas, figuras, etc. suelen servir para desbloquear características o niveles adicionales dentro del título concreto. Candy Crush o Pokémon GO son grandes ejemplos de este tipo de práctica.

También tenemos cuatro casos más que suelen ser muy habituales en el mundo de los videojuegos, y que no son otra cosa que variantes de los tipos de pagos que hemos descrito anteriormente. Algunos de ellos, como el Early Access (acceso por adelantado), se han puesto muy de moda últimamente, un caso similar muy reciente es el de PlayerUnknown’s Battlegrounds para las Xbox One y Xbox One X.

  • Early Access: también denominado acceso anticipado, se basa en el pago por jugar al juego horas o días antes de que salga a su venta. En resumen, pagas por ser de los primeros en jugar a los títulos que ofrezcan esta característica. Los subscriptores de Xbox Live! o PlayStation Plus pueden beneficiarse, en ocasiones, de un acceso anticipado.

  • Beta Testing: es similar al acceso anticipado, aunque lo que se nos ofrece exactamente es un juego a un precio menor de su versión final, como en el caso de PUBG en las Xbox One de Microsoft. Podemos "probar las mecánicas de juego" pero sin poder disfrutar de todo su contenido hasta que el desarrollador saque el título para la plataforma. En estos casos, si has comprado el juego en "fase test", se te suele dar un descuento cuando adquieres el juego completo.

  • Season Pass: o pase de temporada es un "bono" que permite adquirir, generalmente, todos los futuros contenidos descargables (DLCs) de un juego. Joyas como The Witcher 3: Wild Hunt, Rise of the Tomb Raider, The Legend of Zelda: Breath of the Wild disponen, por ejemplo, de este tipo de transacciones.

  • Juegos por episodios: Los chicos de Telltale Games, creadores de las aventuras gráficas más exitosas de los últimos tiempos (The Walking Dead, The Wolf Among Us, Game of Thrones), venden sus títulos por episodios sueltos, cada uno con un precio igual o similar al anterior, salvo el primero que es gratuito en ocasiones, funcionando a modo de "demo". Estos títulos también ofrecen una opción "más económica" que consiste en adquirir un Season Pass con el que desbloquearás todos los episodios, estando estos disponibles luego de sus respectivas fechas de lanzamiento.

  • Suscripciones: World of Warcraft o Final Fantasy: A Realm Reborn son dos de los máximos exponentes de juegos que requieren de una suscripción activa mensual, trimestral o anual para poder disfrutar del mundo que nos ofrecen, pagando por el acceso a los megaservidores que facilitan el juego online. Esto no quita que también dispongan de otras modalidades de micropagos, loot boxes o Season Pass adicionales por los que tendrás que pagar un extra.

¿Tienen que desaparecer los "gastos extra"?

Tanto pago extra puede terminar por disuadir al jugador, ¡basta ya!

Como consumidores y, como siempre, debemos de entender que no nos van a regalar nada, mucho menos en una industria que depende el dinero que recibe para crear nuevas plataformas e ideas novedosas con las que conquistar a los jugadores. No obstante, esto no implica que las distintas comercializadoras tengan que abusar de nuestra buena fe y ganas de buen juego haciéndonos pagar por "extras" que realmente poco aportan a la calidad y jugabilidad del título.

Esperemos que las leyes que países como Bélgica quieren poner a nivel europeo terminen por ver la luz del día, y se prohíban prácticas abusivas en los videojuegos. Después de todo no queremos jugar a la típica máquina tragaperras que hay en el bar de la esquina, queremos juegos sorprendentes, originales, de calidad y, sobre todo, completos.